La estructura
política griega se regía en la Polis.
Los griegos mantenían una autocracia que, de cierta manera, garantizaba la
libertad de sus ciudadanos en cuanto a menesteres políticos y económicos. No
existieron relaciones de dependencia ni una competencia entre las zonas urbanas
y rurales.
La Acrópolis fungía
como el centro político-administrativo y social de la entidad. Ahí se reunía el
ágora, edificios civiles, templos, la Gerusía, etc. El ágora fue una plaza
pública (también funcionó como mercado) situado en los alrededores de la
ciudad. Fue una pieza muy importante dentro de la vida política de la polis puesto que en ella surgen
apasionados debates orales que dieron como consecuencia la conformación de la filosofía griega.
Existió una rivalidad entre las pequeñas polis y es por eso que no se pudo fundar
un Estado unificado ya que se consideraba que un espacio reducido seria idóneo
para una buena política.
La ciudad-Estado o polis griega es la representación
que se dio a los territorios constituidos en la antigua Grecia. Su historia se
remonta desde la Edad Oscura (colapso del mundo micénico) hasta la era de los
romanos. Las ciudades-Estado griegas fueron muy importantes ya que en ellas se
desarrolló y evolucionó la civilización griega hasta la época denominada como helenista.
Como se mencionó anteriormente en este escrito, los
sectores rurales y urbanos no pugnaron, más bien existió una unión.
Dentro de la rama social, la polis se distinguía por
ser un territorio en donde sus ciudadanos eran libres y gozaban de todos sus
derechos. Al contrario de los esclavos no tenían libertad y eran negados de
derechos. Las mujeres yacían en las mismas condiciones que los esclavos: sin
libertad y sin derechos.
En el diseño urbano de la polis era de carácter
clásico. Las principales ciudades fueron Atenas y Esparta.
En un pasado, las polis fueron controladas por
caudillos militares con poder religioso y judicial. En el siglo VII a.C. la
ideología oligárquica se impuso a la monárquica y dio como resultado que el
poder pasara a asambleas conformadas por familias nativas o muy ricas.
Es dentro de esta sociedad en donde se ciernen nuevos
preceptos que siguen hoy en día a través de los grandes pensadores de aquella
época. Para Platón, grande filósofo y seguidor de Sócrates, la justicia tiene
una gran importancia dentro del Estado; la ética aplicada sobe un aparato
arbitrario es el mejor elemento para tener una función gobernante ideal. Pero
para que esta función se logre, Platón argumentó que debe de existir un frente
común, es decir, una unión armoniosa entre todas las clases sociales y una
coacción hacia el bien general.
La estructura de las sociedades, según Platón, tendría
que ser elaborada mediante el espíritu y la razón del alma de cada miembro del
Estado. Por ejemplo, trabajadores, guerreros
y gobernantes constituían un modelo democrático a partir del apetito del alma, espíritu del alma y razón del alma respectivamente. Pero en
aquel tiempo, para Platón no existía un órgano capaz de cumplir con este
tratado puesto que la razón y la sabiduría eran las que deberían de gobernar;
un rey que gobernara con filosofía acertada y no solamente con el poder
político que se le confiere para que logre una justa paz y una bondadosa
soberanía que se comprometa con la educación de sus ciudadanos. En donde
existan reyes filósofos es en donde existirá el Estado ideal.
Dentro de la obra de Platón llamada La República se exhiben las nociones de
un Estado ideal a través de la justicia e injusticia y acota términos como ciudad verdadera y sana, dando un matiz
de crítica hacia la sociedad de su época.
Pero para que se dé un Estado bueno, el individuo debe
de enarbolar sus virtudes, puesto que estas le otorgan un grado de conocimiento. La virtud gira dentro de una
dialéctica con el conocimiento ya que, quien tiene virtud, tiene lo segundo.
Por ejemplo,, la justicia es una virtud, pero para que alguien pueda ser justo
debe de tener conocimiento. Esta lógica permite representar, mediante silogismos,
la función de la virtud y su complementación con el conocimiento.
Sobre el planteamiento filosófico acerca del
conocimiento Platón crea la idea de que nada se puede hacer bien si falta esta
virtud; un trabajo material no se puede efectuar si no se sabe, primeramente,
qué es lo que se hará: un puente no se puede elaborar mediante un mero
voluntarismo, sino que se debe de tener un conocimiento previo para llevarlo a
cabo.
Cada alma encuentra su propia virtud puesto que está
concebida dentro de la naturaleza misma. Todo individuo tiene un tipo de virtud
determinada; es por esa razón que no todos mantienen la misma sapiencia, que es
la parte racional de la conducta humana. Su contraparte, que es el deseo
excesivo, debe de ser moderada mediante la virtud de la templanza: virtud que
es parte de conocimiento.
Entonces, el Estado es garante o debe dar garantía de
justicia para los individuos; tanto colectiva como personalmente. Tal Estado,
para Platón es como un hombre “grande”; en donde toma la unión de los
individuos de igual forma como cada individuo está conformado por organismos
biológicos. Debe este dar, entonces, un servicio de los hombres para los
hombres mediante la especialización de cada diligencia.
Para hablar del origen del Estado, es necesario
replantear los conceptos dialécticos de Hegel quien hace un estudio muy
elaborado acerca de este tema. Hegel propone, primeramente, que el concepto es
objetivo y está elevado por encima de la opinión pública. La sociedad civil
está condicionada por sentimientos y no por normas. Por ejemplo un individuo
encuentra su primera relación social mediante su familia; persona que no fueron
impuestas por arbitrio sino biológicamente. Posteriormente, las familias
encuentran una unión, no fraternal sino de convenios personales con otras
familias; conformando la sociedad civil. El desarrollo sistemático de esta
sociedad civil crea el Estado, quien es el que rige la conducta de la sociedad
a través de una legitimación.
El supuesto hegeliano
es dialéctico puesto que representa facciones de negación, doble negación y
superación del fenómeno, creando un nuevo ciclo dialéctico. Por ejemplo, la
superación de la familia es la sociedad civil, quien encuentra su superior
mediante el Estado. Pero para que el Estado pueda vivir debe de haber una
coexistencia entre estos tres niveles sociales.
De las diferentes formas de gobernar del Estado
podemos encontrar algunas que parecen ser democráticas y representativas y
otras que son todo lo contrario:
Democracia. Tomado este término en su estricto
sentido, no existe democracia, no ha existido no existirá jamás. La orden
natural se rige en que la minoría debe de gobernar y la mayoría debe de ser
gobernada, La democracia arguye que el gobierno debe de ser de la mayoría
mediante una representación concentrada en un sector o en una humanidad.
La aristocracia. Aquí, prácticamente se somete la
soberanía a los más experimentados. Existen tres tipos de aristocracia: la
natural, la electiva y la hereditaria. Según Rousseau, “La primera no conviene sino a los pueblos simples; la tercera es la
peor de todos los gobiernos y la segunda es la mejor”. El poder lo erigen
los más sabios; quienes tienen las facultades de llevar al pueblo a una mejor
condición de vida.
La monarquía. El príncipe es considerado como una
persona que reúne toda la fuerza colectiva del pueblo. En él recae la
concentración de poder absoluta. La familia del príncipe y del rey están
facultados para legitimar cualquier hecho que ellos así lo consideren. Este
poder es consanguíneo y hereditario. El poder se traslada de generación en
generación.
Timocracia. Aquí, la condición de sabiduría no es
necesaria pero sí, los recursos materiales que mantenga quien aspire al poder.
Un ciudadano podrá aspirar al poder siempre y cuando tenga capital y grandes
propiedades terrenales en su autoría. El honor juega un papel muy importante
sobre los menesteres políticos puesto que es una virtud que permite tener
cierto abolengo y poder obtener un cargo gubernamental.
Oligarquía. El poder está concentrado en un grupo
reducido de personas. Los poseedores de grandes recursos económicos son quienes
direccionan las diligencias políticas. También son denominados como sectores de
empresarios que monopolizan el mercada para así llegar a la cúpula política del
poder.
Tiranía. Poder político unipersonal y absoluto. Siendo
esta una concentración de poder que recae en un solo hombre, converge hacia
poderes no solamente políticos, sino también económicos, sociales, culturales,
ideales, etc.
En cuanto para Aristóteles, la visión filosófica que
este gestiona en cuanto a los menesteres políticos son, en primera parte,
aunados a las virtudes del ser humano. La ética es un saber práctico que sirve
como herramienta para redefinir el comportamiento humano hacia un buen uso de
su libre albedrío. La capacidad de poder decidir libremente qué camino tomar
como opción no está regida por la naturaleza; puesto que si así fuere, el
hombre actuaría a través de sus instintos (existencia y reproducción) y no
tanto por su carácter racional. Debe de existir un punto mediador para que el
individuo tenga una decisión equilibrada.
Sobre los estratos sociales, Aristóteles argumenta que
es el hogar en donde se satisfacen
las necesidades primarias de un individuo. La polis es el esquema más beneficioso para el individuo ya que es en
donde éste se desarrolla a través de ejes económicos, políticos, sociales y
culturales. En la polis, el hombre ya
no vive dentro de un entorno natural de supervivencia sino que es aquí donde
empieza a vivir y decidir libremente.
Pero para que se pueda dar una organización racional
dentro de la polis, esta debe de
tener una política la cual, Aristóteles la concibe como “un saber que reconoce la absoluta primacía entre las ciencias
prácticas”.
Aristóteles arguye que, no obstante de que las
ciudades fueron después de las tribus y de las familias, cronológicamente
hablando, la ciudad representa un nivel superior de organización dentro de la
sociedad. La ciudad potencializa las cualidades del ser humano en cuanto a
organización y desarrollo. La constitución, para Aristóteles, es la vida misma
del Estado; ayuda a la vida misma de la polis
en su desarrollo, debe de ser inherente para todo ciudadano en beneficio de la
voluntad general.
Para Aristóteles, existen dos tipos de gobierno: las
formas puras de gobierno y las impuras.
Dentro de las formas puras se puede encontrar la
monarquía que es la forma de gobierno en donde el poder político se encuentra,
solamente, en un elemento ejecutor. Otra forma de gobierno pura es la
Aristocracia en donde el poder está reducido a un pequeño número de individuos
que, teóricamente, son los más calificados intelectualmente para gobernar una
región o un territorio. Finalmente está la democracia en donde el poder es del
pueblo representado en un hombre quien deberá acatar los mandamientos de los
ciudadanos.
En las formas de gobierno impuras se contempla la tiranía
en donde el poder se centra en un solo hombre quien no contempla la voluntad
general y ejerce un poder subjetivo, es decir, implementa un gobierno a interés
personal. Otro tipo de gobierno impuro es el de oligarquía en donde los más
ricos son los que sustentan el poder y en donde los oligarcas solo representan
un número muy reducido de miembros. La demagogia también entra en el rubro de
formas de gobierno impuras puesto que es aquí en donde, quienes aspiran al
poder mediante actos pacíficos, implementan una serie de movimientos para
halagar, por ejemplo, a los votantes para que estos cedan su elección hacia los
candidatos supuestamente carismáticos.
Aristóteles es un pensador, un filósofo que siempre se
pregunta acerca de la acción del hombre hacia su entorno material, esto es lo
que lo lleva a hacer diferentes estudios acerca del comportamiento del ser
humano dentro de su organización social y dar como resultado los diferentes
tipos de gobierno. Pero Aristóteles hace también estudios a fondo acerca de la
episteme de la sociedad a través de cada individuo: de su moral, de su ética,
de su espíritu y de su razonamiento.
Por ejemplo, Aristóteles expone las cualidades del
hombre tiene y puede obtener de su entorno llamándolas bienes. Estos bienes se
clasifican en bienes externos los cuales, se puede decir, que son el mundano
puesto que no son intrínsecos al ser humano, estos son los honores, la riqueza,
el poder, la fama. Los bienes que son propios del cuerpo son la salud, la
integridad, el placer, etc. Los cuales dan un beneficio individual y son
necesarios para que se puedan obtener los otros bienes. Los bienes del alma se
erigen analógicamente con la salud del espíritu. La sabiduría o la
contemplación del entorno son bienes que ayudan a la alimentación del alma de
una manera más privada y ensimismada hacia el individuo.
Dentro de las clases sociales aristotélicas, se debe
recordar que existían trabajos envilecidos
puesto que no representaban un empleo virtuoso, es decir, trabajos ligados a
herramientas manuales como la de los artesanos por ejemplo. Los trabajos
virtuosos, en contrapartes, los hacían individuos que para la sociedad
representaban personas dignas de poseer bienes raíces.
La sociedad griega estaba sectorializado por dos ejes
sociales; por una parte estaban los que eran denominados como ciudadanos
quienes contaban con una dirección política dentro de la sociedad y los
esclavos quienes estaban excluidos de todas las garantías políticas. El Estado
griego, solamente, beneficiaba a los ciudadanos. Aristóteles argumenta que esta
diferencia está basada en diferencias naturales y morales en donde están
sometidos los individuos. Se nacía esclavo para morir esclavo.
Dentro de las clases sociales encontramos a quien se
dedica a los menesteres de labranza y están ligados a la agricultura; el
artesano está ligado a la mecánica; el comerciante, que es una profesión, al
rubro mercantil; el guerrero (mercenario) a la guerra; el sacerdote al culto
divino y como punta de estas clases sociales se encuentran los magistrados y
jueces quienes están ligados a las deliberaciones de los negocios estatales.
Para que estas clases sociales fluyan correctamente,
Aristóteles pronuncia que el Estado debe de ser bueno, y para que sea bueno
debe de practicar la virtud y asegurar la felicidad de sus ciudadanos en donde
estos adopten, de manera libre, la vía que más les parezca necesario en la política o la filosofía (dentro de las
leyes).
Aristóteles es un filósofo que no cree en una
felicidad endógena al individuo mismo, sino que esta está condicionada a
factores, meramente externos como en la actividad, pues Aristóteles argumenta
que sólo en ella se realiza la virtud. La infelicidad es el no trabajar. El
buen Estado, entonces, debe de ser un Estado dinámico y trabajador al igual que
los ciudadanos. Sólo sí se encontrará un buen Estado con virtud.
Pero para que exista un buen Estado, también debe de
existir una buena política. Aristóteles no plantea a la política como una vía
para crear estados ideales de manera abstracta, sino un eje rector para que las
leyes, costumbres, tradiciones, ideales y propiedades se entrelacen hacia una
realidad. Aristóteles concibe a la política como una ciencia práctica de la
cual emerge la ética, ya que la verdadera meta del Estado es crear buenos
ciudadanos. Y el Estado debe de ser representado por integrantes que tengan la
capacidad moral y filosófica para dirigir el buen Estado mediante un buen
gobernante.
El gobernante virtuoso es aquel quien dirige el
destino de su pueblo mediante una moral y una ética llenas de sabiduría. Este
se esforzará por dar felicidad a sus ciudadanos y debe de ser él feliz en
principio para que pueda acontecer este hecho.
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Bibliografía. Recuperado
el 24 de diciembre 2013.
Aristóteles, Ética
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