miércoles, 18 de julio de 2018

El Papel de la Iglesia y el Cristianismo como Principio de Cohesión Social


Los padres de la Iglesia lo constituyeron literatos teológicos y pastores de alto rango quienes son considerados como parte de la génesis de la fe contemporánea católica.

La doctrina autodidacta de este grupo de literatos radica en que sus escritos tienen un sentido muy en común entre este mismo grupo. Las enseñanzas que dejaron repercutieron de gran forma en la filosofía del espíritu y desarrollaron el pensamiento teológico cristiano mediante la lectura de las Sagradas Escrituras y configurando las ideas espirituales mediante la consolidación litúrgica.

La teología y la moral siempre fueron cuestiones de discusión en donde hubo conflictos internos, de esto ose ocasiona, por ejemplo, el fenómeno de la herejía dentro de la etapa del medioevo por parte de la Iglesia Post apostólica. Según este criterio, estos hombres fueron los continuadores de la doctrina de los apóstoles de Jesús, posteriormente los llegaron a sustituir mediante sus trabajos y enseñanzas a través de sus escritos dando una configuración, poco a poco, eclesiástica de jerarquías en donde se encontraba como primer eje fundamental, el papado.

El nombramiento como padres comienza en el siglo IV y fue el papa Gelasio quien comienza una lista oficial de los Padres de la Iglesia en donde se profesionaliza el estudio y vida de todos aquellos que han estado en el máximo puesto papal. Posteriormente, se fue dando un incremento del poder papal y, por consecuente, de la Iglesia para dar paso a un término que significa la unión del poder político y religioso en un solo ente: el cesaropapismo.

La palabra fue acuñada en el siglo XVIII por Justus Boehmer quien realizó una serie de estudios acerca de la Iglesia y su intención de dominio total sobre el planeta mediante la teología dogmática. Hoy en día, el concepto se conoce como despotismo: una relación entre Estado e Iglesia en donde existía un mutuo acuerdo para incrementar sus respectivos poderes políticos y económicos.

Por ejemplo, durante el siglo IX, el Imperio Bizantino tiene toda la autoridad sobre sus territorios, ejerciéndose al mismo tiempo como rey y sacerdote. Esto significa la obtención absoluta del poder mediante cuestionamientos materiales y espirituales, características importantes del ser humano.

Otro ejemplo es cuando el Papa León III se corona como rey de los francos y lombardos, teniendo también la autoridad sobre los romanos en donde fungía como Emperador sobre el Imperio Carolingio en el siglo IX donde estado e Iglesia se unieron para dar un mutuo apoyo.

El cesaropapismo lleva consigo la filosofía de que los reyes procedían por obra divina, es decir, eran elegidos por la mano de Dios quien les confería un poder total sobre su pueblo. El poder podía transferirse de forma hereditaria mediante el hijo primogénito del rey. Este fenómeno alcanza la cima con Enrique III en el siglo XI.

La religiosidad ha mantenido un papel muy importante sobre el mandato del hombre a través del tiempo. Por ejemplo, San Agustín, padre y doctor de la Iglesia católica, buscó durante toda su vida una concatenación entre razón y fe, las cuales, no deberías estar peleadas. Dentro de su filosofía, San Agustín maneja a la filosofía como eje central en la búsqueda de la verdad. Construye y elabora un entendimiento acerca de la búsqueda racional de Dios a través del raciocinio humano. A esta corriente filosófica, posteriormente, se le llamaría como la escolástica.

Según el padre de la Iglesia católica, Dios es una realidad que no se puede reemplazar; pero lo que él ha creado sí se puede reemplazar en donde el ser humano se encuentra dentro de estas dos aristas: la razón es la vía de comunicación con Dios aunque su cuerpo terrenal sea perecedero, es decir, que fenece.

El conocimiento verdadero, como se ve en este ensayo cuando se habló de Platón, es universal e inmutable. Para San Agustín, el conocimiento está en Dios, aunque el ser humano llegue a conocer una parte de este conocimiento, solamente llegará a la totalidad si es iluminado por la ayuda de Dios.
Para demostrar que Dios existe, San Agustín comentó que existen tres pruebas fehacientes que lo constatan: El orden físico del universo da fe de que existe un ente regidor de las leyes universales, por todo el planeta tierra siempre hay una creencia de un dios supremo y esto da como resultado de que existe un consenso humano de la creencia de Dios como creador de la tierra y la última prueba radica en que el ser humano es consciente de que existen realidades inmutables que han estado desde antes del mismo hombre.

San Agustín desglosa su teoría en tres partes principales: la felicidad (que es exógena al individuo mismo), el libre albedrío y el mal.

En el contexto histórico de la época de San Agustín, los cristianos son perseguidos por los romanos ya que estos pensaban que la caída del Imperio Romano se debía a que la religión que los cristianos pregonaban había sido un factor de suma importancia puesto que el imperio mantuvo siempre una doctrina religiosa politeísta, es decir, la adoración de varios dioses que fueron mermados por el monoteísmo, la creencia de un solo dios.

La Ciudad de Dios fue una obra escrita por San Agustín que precisamente hablaba sobre el cuestionamiento y la reflexión histórica de occidente. En el escrito se señala la ruptura de la sociedad en dos partes: dos ciudades. En una se encuentran los que están ensimismados sobre su ser y no alcanzan a percibir a su creador, se alejan cada vez más de Dios. En la segunda ciudad se encuentran aquellos que aman a Dios y toman parte de su forma planteada a través de normar para que el hombre encuentre la felicidad mediante sus designios.

La lucha histórica se encuentra asociada a la lucha de estas dos ciudades, según plantea San Agustín.
Pero santo Tomás de Aquino, teólogo y filosófico italiano, existe una desvirtuación de los conceptos agustinos acerca de las dos ciudades dentro de la sociedad humana (Jerusalén como Dios, Babilonia como lo terrestre), pues como comenta el escritor Edualdo Forment, en su obra Fundación:

“La ciudad de Babilonia es considerada por San Agustín como el resultado de la corrupción del hombre por el pecado original; mientras que la ciudad de Jerusalén, la ciudad celestial representaría la comunidad cristiana que viviría de acuerdo con los principios de la Biblia y los evangelios. Las circunstancias sociales y la evolución de las formas de poder en el siglo XIII, especialmente los problemas derivados de la relación entre la Iglesia y el Estado, llevarán a Sto. Tomás a un planteamiento distinto, inspirado también en la Política aristotélica, aunque teniendo en cuenta las necesarias adaptaciones al cristianismo”.

Para Tomás de Aquino, el hombre es un ser social por naturaleza que nace para vivir en comunidad con otros seres humanos. Cada hombre tiene un destino trascendental en la vida. La Iglesia es quien mantiene una organización de estos hombres para que sean individuos de bien dentro de la sociedad.
Para Tomás de Aquino, la fe se mantiene sobre la razón, fenómeno que, como se vio en párrafos anteriores, San Agustín los mantiene iguales. Aquino postula este hecho puesto que dice que la Iglesia y el Estado se subordinan ante la fe más que a la razón ya que es una virtud del hombre que hace trascenderlo hacia una condición mejor. El Estado debe procurar el bien y la paz común y lo logrará legislando a través de las leyes naturales que Dios ha proporcionado. Las faltas que son contrarias a las leyes naturales de Dios deben rechazarse puesto que no son divinas.

Con respecto a las mejores formas de gobernar, santo Tomás de Aquino retoma los ideales del filósofo griego Aristóteles, distingue tres formas de gobierno buenas y tres malas, las cuales, cada una es la degeneración de la anterior. Aquino no contempla ninguna de estas como deseable para Dios.

Santo Tomás de Aquino mantuvo en su tesis central de sus obras y su pensamiento que el fin del hombre es alcanzar la felicidad y para conseguirla, este debe de someterse a las normas de la ley natural. De esta froma, la ley natural expresa la libertad del hombre y exige un orden racional y universal de su conducta.

La peor forma de gobierno, para santo Tomás de Aquino, es la tiranía. Las virtudes aristotélicas son recogidas por el filósofo teológico quien las profundiza, corrobora y las hace trascender.
Uno de los principales lemas que dejaron una gran enseñanza espiritual, política y social de santo Tomás de Aquino es:

“La ética es el amor al prójimo, que es querer el bien del hombre”.

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