miércoles, 25 de julio de 2018

Ensayo acerca de las Principales Ideas del Pensamiento Absolutista


En este apartado, es preciso conciliar el concepto de lo absoluto dentro del ensayo. La denominación de este concepto, dentro de los menesteres políticos y la acción humana en general, encuentra un acomodo con otros conceptos como régimen, historia, forma de gobernanza e ideología. La connotación teórica del absolutismo considera como premisa principal el ideal de la ilimitación, es decir, que no existan normas que detengan un fenómeno. Esto lleva consigo una contraparte de los postulados divinos, los cuales, se ciernen dentro de un dogmatismo, una normatividad y un límite.

Por ejemplo, los reyes absolutos siembran su autoría ante el pueblo; subordinándolo sin ningún límite. Inclusive, los reyes hacen que el Estado mismo se supedite a placer del monarca. La Iglesia se fue desglosando entonces en ideales absolutistas que corrompían los designios primigenios de los Escritos Sagrados. Posteriormente se engendraron movimientos por toda Europa en donde se pugnaba en contra de esta condición.

Existió un movimiento religioso en Alemania, durante el siglo XVI, el cual efectuó un importante desglose dentro de la Iglesia Católica. Se empezaron a crear sectorizaciones de grupos que mantenían diferentes ideales acerca de la religiosidad. Algunos de ellos se fueron por la vía del protestantismo, quienes se separaron definitivamente de la Iglesia Católica mediante desarrollos teológicos muy importantes. Estos grupos crearon La Reforma Protestante la cual criticaba la posición de teólogos y pensadores políticos de la realidad de la época.

La premisa principal de la Reforma protestante era la de cambiar los usos y costumbres de la Iglesia Católica, especialmente a lo que se refería al sistema papal que dominaba a toda la comunidad religiosa. Se pretendió reformar al catolicismo y regresar al cristianismo primitivo, es decir, a aquella creencia de un ser supremo que no estuviera institucionalizado, puesto que esto trae consigo, de una manera natural, la no tolerancia de otros credos. Se pretendía regresar a la fe sin burocracia.

El anticlericalismo y la centralización de todo acto mediante la comunicación de Cristo sin intermediación de la Iglesia y la humanización fueron pensamientos que revolucionaron la forma de concebir al ser humano como un ente que ve hacia él mismo dentro del desarrollo. Es aquí donde se implantan las primeras raíces del positivismo que, muchos años después, aplicaran Saint Simon y Augusto Comte, y que Hegel planteara filosóficamente con la dialéctica pero desapegándose totalmente de la misticidad. Un gran paso si recordamos que la reforma fue creada en el tiempo del medio evo y el feudalismo.

Martín Lutero, quien era un fraile católico agustino, impulsó la reforma en Alemania. Lutero era un gran estudioso de las Sagradas Escrituras y se percató de que muchas diligencias que efectuaba la Iglesia eran más cuestiones administrativas y de lucro que del verdadero principio de la religión cristiana: la felicidad. El evangelio, decía Lutero, lo ocupa la Iglesia como vil mercancía y no para ofrecer una enseñanza cristiana.

La Reforma estuvo supeditada por los incentivos económicos que encontraba de algunos príncipes y monarcas para poder crear iglesias alternativas a las oficiales, las cuales, tuvieron un auge a nivel estatal y posteriormente a nivel nacional. Los grandes exponentes de la Reforma fueron dos personajes: Martín Lutero, de quien ya se ha hablado; y Juan Calvino, teólogo francés quien desarrolló, obviamente, el calvinismo.

El calvinismo surge como una corriente antecesora muy importante dentro del desarrollo económico capitalista en Europa. La usura, que se ocupó durante mucho tiempo en el feudalismo como política, en un principio rechazada pero después aceptada ya que traía beneficios económicos hacia la Iglesia y los incipientes Estados, fue puesta sobre la mesa mediante severas pugnas.

Según Calvino, es malo cargar interés al dinero, puesto que el dinero es un ente estático. Pero que a la vez, este puede ser fructífero si se sabe dar un buen uso. El dinero debe de prestarse a personas en extrema pobreza sin usufructo, con otros estratos, se debe de dar una tasa fija de pago de interés ya que sí lo pueden pagar. Este fenómeno se puede ver como un aspecto precapitalista.

También, dentro de esta época, los teólogos mencionados explican, dentro de su ideología, que las personas vida natural dentro de una sociedad temporal que está sometida a una autoridad civil. Esta autoridad civil tiene una espada que sirve para evitar las maldades que puedan surgir de la sociedad, manteniendo así un control. El poder político es una institución de origen divino y su misión es la de evitar la maldad del hombre y tener una buena sociedad.

La obediencia al poder civil es, también, la obediencia hacia Dios. Existen dos regímenes: el de la espada y la palabra, los dos provienen de Dios.

El cristiano no ocupa la espada, se somete por amor porque la espada es buena para la sociedad. La gestión política se sirve de buenos cristianos. Lutero tiene obras para hacer a un buen cristiano, un buen príncipe y cómo debe de crear una buena autoridad secular. Pero el poder civil tiene límites puesto que no puede hacer decisiones relacionadas a la fe. Tampoco puede esta obligar al individuo a la fe puesto que la religión es personal.


Poco a poco, la política se va apartando de los preceptos antes mencionados. Los pensamientos metafísicos, éticos y religiosos son cambiados por un materialismo objetivo de los hechos humanos.

Nicolás Maquiavelo entró, con un fuerte ideal, que hubo de inmiscuirse sobre los menesteres políticos a través de la crisis del pensamiento en el siglo XV y principios del XVI. Existió una ruptura muy marcada entre el ser y el deber ser, los valores morales y la reflexión sobre los hechos políticos y el encausamiento de este fenómeno.

Dentro de la obra más importante de Maquiavelo, titulada El Príncipe, se desmenuza el hecho de cómo se vive y cómo se debería vivir. La innovación de este escrito radica en que Maquiavelo tuvo una visión más realista acerca de la concepción del poder a través de un enfoque utilitarista de la política como herramienta.

Haciendo un acercamiento de realismo, Maquiavelo encuentra una visión pesimista del hombre; quien no es bueno ni malo. El hombre, según Maquiavelo, tiende a comportarse de forma negativa, quien es político, debe de tener en cuenta esta condición inherente a su condición de hombre, de humano. Los aspectos negativos pueden ser aspectos que se reproduzcan en la práctica de la política también.

Como menciona el escritor e historiador Mario A. Rulfa en su obra Maquiavelo, este retoma los pensamientos filosóficos de los grandes clásicos griegos para escribir su obra: “Maquiavelo retoma el concepto de areté configurado antes de que el pensamiento de Sócrates, Platón y Aristóteles lo hubiesen transformado en «razón». En particular, el pensador florentino parece hacer suya la condición de areté empleada por algunos sofistas. En palabras de L. Firpo la virtud es vigor y salud, astucia y energía, capacidad de previsión, planificar, de constreñir. Es, sobre todo, una voluntad que sirva de dique de contención ante el total desbordamiento de los acontecimientos, que imprima una norma –siempre parcial, por desgracia, y caduca– al caos, que construya con tenacidad indefectible un orden dentro de un mundo que desmorona y se disgrega de forma permanente”.

Para el autor italiano, los menesteres de la humanidad se encuentran supeditadas dentro de dos vertientes: la suerte y la virtud y la libertad. Para que el libre albedrío no se apague, el azar es árbitro de la mitad de nuestros hechos. Pero es el mismo ser humano quien tiene la facultad de dirigir y destinar su propio camino en la vida.

Dentro del contexto histórico, Maquiavelo observó a Cesar Borgia y construyó una teoría basada en que el príncipe debe de mantener estable a la población y su territorio. Para asegurar la paz de estos dos, debe mantener también un ejército profesionalizado.

Un príncipe debe de ser temido más que amado. No se debe dudar, nunca, a quien mantiene un ideal contrario al estipulado. Por otra parte, para mantener al pueblo tranquilo y subordinado, el príncipe debe de divertirlo. Las mentes brillantes deben ser captadas en beneficio del príncipe.

En materia política, es muy importante que el príncipe efectúe alianzas con los más débiles para poder hacer frente a los fuertes.

Un príncipe, como parte de las buenas características, debe estar siempre desconfiando y no fiarse de cualquiera. Debe de tener suma delicadeza al momento de elegir a sus amigos y a sus allegados más íntimos. Debe de poner un ejemplo intachable para que sea un modelo a a seguir y se dé a respetar mediante el miedo a los súbditos. Si existiese un conato de rebeldía, el príncipe debe dar un castigo ejemplar para que no exista otra insinuación, siquiera, de repetir tal rebeldía. Esto obligará a los súbditos  temer la autoridad y no tener una voluntad de afrontarla.

Pero el príncipe no deberá de exceder en el poder puesto que el miedo que sienten los súbditos puede convertirse en odio. Lo que se consigue con los castigos pues, deberá ser el respeto de los súbditos frente a su autoridad.

Aunque esta concepción de poder fue utilizada por mucho tiempo, en Francia del siglo XVI, Juan Bodino quien es un gran pensador y filosófico, afirmó que el origen de la autoridad está en el pacto social que se genera entre las diversas familias que son los componentes de las élites de la sociedad quienes tienen un mutuo acuerdo en una persona o institución para que se ejerza la autoridad y un gobierno que la emana.

Por esta razón, el poder político, para Bodino, es el resultado de una relación social culminada en un pacto y la persona que ostentará el poder deberá tenerlo en absoluto y sus decretos deberán ser obedecidos por todos.

Para Bodino, Dios es el fundamento de la razón humana y de la naturaleza humana; es el eje rector de la estructura política del ser humano. Posteriormente, los hombres se ponen de acuerdo para buscar una autoridad entre ellos mismos. Por ello el Estado no ha de estar determinado por la Iglesia, pero sí ha de respetarla.
Entonces, el hombre, por consenso general, designa a su líder quien ha de guiar a la sociedad por el buen camino del desarrollo y de la civilización para que perdure una sociedad y tenga una evolución positiva.
Existen diversas formas posibles de gobierno, teniendo en cuenta dónde se concentra la soberanía:
En la democracia el pueblo como cuerpo posee el poder soberano. En la aristocracia la soberanía es poseída por una menor parte de dicho cuerpo. En la monarquía la soberanía se concentra en una persona.
Para Hobbes, quien pretendía ser un prócer en la iniciación de la filosofía de la política y quien discrepaba del concepto aristotélico de que el hombre es un ser animal (zoo politicón), argumentó que la sociedad se establece mediante un acuerdo artificial que está supeditado a intereses subjetivos de élite que busca, entre otras cosas, una seguridad en base al temor de los demás.
En la obra de Hobbes, denominada Leviatán, se concibe el poder absoluto y la caracterización de un dios mortal. El estado de naturaleza del hombre significa, para Hobbes, un estado permanente de lucha del ser humano con sus coterráneos. Se vive en una eterna pugna: “El hombre es un lobo para el hombre”, Este ser humano, estando en este mismo estado de naturaleza también es racional que se puede emancipar del desorden y provocar una paz.
Para lograr una vida estable y que el estado de naturaleza no se genere por los instintos del hombre, los individuos se subordinan, de una manera consciente, a derechos en favor de un tercer actor; derechos que se ceden mediante un contrato, un consenso. La República o Estado (Leviatán) mantiene, entonces, una sesión de derechos de los individuos, derechos que son inmutables y permanentes.

Entonces, el Estado o República mantienen un poder que no se le puede quitar; es el máximo soberano que engendra, dentro de sus fauces, la fuente del derecho del individuo, sea esta de carácter político, económico, moral o social.

Bibliografía. Recuperado el 4 de enero de 2018.


Hobbes, Tomás. Leviatán. Editorial Gernika, México, 1994.

San Agustín. La Ciudad de Dios. Editorial Porrúa (Colección Sepan Cuantos núm. 59), México 1990.

Santo Tomás de Aquino. Tratado de la Ley y Opúsculo sobre el Gobierno de los Príncipes.
Editorial Porrúa (Colección Sepan Cuentos núm. 301), México, 1994.

Cremona, Carlo. Agustín de Hipona: la razón y la fe. Ediciones Rialp, Buenos Aires, 1991.

San Agustín. Obras completas de San Agustín. 41 volúmenes. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. 348.

Tomas de Aquino, Suma Teológica, Porrúa, México, 1999.

 Obras completas en latín. S. THOMAE DE AQUINO OPERA OMNIA recognovit ac instruxit Enrique Alarcón automato electronico. Pampilonae ad Universitatis Studiorum Navarrensis aedes A. D. MMI.

Pastor Marialba, Nueva Historia Mundial, Santillana, México, 2008.

Maquiavelo Nicolás, El Príncipe, Porrúa, México, 1988.

miércoles, 18 de julio de 2018

El Papel de la Iglesia y el Cristianismo como Principio de Cohesión Social


Los padres de la Iglesia lo constituyeron literatos teológicos y pastores de alto rango quienes son considerados como parte de la génesis de la fe contemporánea católica.

La doctrina autodidacta de este grupo de literatos radica en que sus escritos tienen un sentido muy en común entre este mismo grupo. Las enseñanzas que dejaron repercutieron de gran forma en la filosofía del espíritu y desarrollaron el pensamiento teológico cristiano mediante la lectura de las Sagradas Escrituras y configurando las ideas espirituales mediante la consolidación litúrgica.

La teología y la moral siempre fueron cuestiones de discusión en donde hubo conflictos internos, de esto ose ocasiona, por ejemplo, el fenómeno de la herejía dentro de la etapa del medioevo por parte de la Iglesia Post apostólica. Según este criterio, estos hombres fueron los continuadores de la doctrina de los apóstoles de Jesús, posteriormente los llegaron a sustituir mediante sus trabajos y enseñanzas a través de sus escritos dando una configuración, poco a poco, eclesiástica de jerarquías en donde se encontraba como primer eje fundamental, el papado.

El nombramiento como padres comienza en el siglo IV y fue el papa Gelasio quien comienza una lista oficial de los Padres de la Iglesia en donde se profesionaliza el estudio y vida de todos aquellos que han estado en el máximo puesto papal. Posteriormente, se fue dando un incremento del poder papal y, por consecuente, de la Iglesia para dar paso a un término que significa la unión del poder político y religioso en un solo ente: el cesaropapismo.

La palabra fue acuñada en el siglo XVIII por Justus Boehmer quien realizó una serie de estudios acerca de la Iglesia y su intención de dominio total sobre el planeta mediante la teología dogmática. Hoy en día, el concepto se conoce como despotismo: una relación entre Estado e Iglesia en donde existía un mutuo acuerdo para incrementar sus respectivos poderes políticos y económicos.

Por ejemplo, durante el siglo IX, el Imperio Bizantino tiene toda la autoridad sobre sus territorios, ejerciéndose al mismo tiempo como rey y sacerdote. Esto significa la obtención absoluta del poder mediante cuestionamientos materiales y espirituales, características importantes del ser humano.

Otro ejemplo es cuando el Papa León III se corona como rey de los francos y lombardos, teniendo también la autoridad sobre los romanos en donde fungía como Emperador sobre el Imperio Carolingio en el siglo IX donde estado e Iglesia se unieron para dar un mutuo apoyo.

El cesaropapismo lleva consigo la filosofía de que los reyes procedían por obra divina, es decir, eran elegidos por la mano de Dios quien les confería un poder total sobre su pueblo. El poder podía transferirse de forma hereditaria mediante el hijo primogénito del rey. Este fenómeno alcanza la cima con Enrique III en el siglo XI.

La religiosidad ha mantenido un papel muy importante sobre el mandato del hombre a través del tiempo. Por ejemplo, San Agustín, padre y doctor de la Iglesia católica, buscó durante toda su vida una concatenación entre razón y fe, las cuales, no deberías estar peleadas. Dentro de su filosofía, San Agustín maneja a la filosofía como eje central en la búsqueda de la verdad. Construye y elabora un entendimiento acerca de la búsqueda racional de Dios a través del raciocinio humano. A esta corriente filosófica, posteriormente, se le llamaría como la escolástica.

Según el padre de la Iglesia católica, Dios es una realidad que no se puede reemplazar; pero lo que él ha creado sí se puede reemplazar en donde el ser humano se encuentra dentro de estas dos aristas: la razón es la vía de comunicación con Dios aunque su cuerpo terrenal sea perecedero, es decir, que fenece.

El conocimiento verdadero, como se ve en este ensayo cuando se habló de Platón, es universal e inmutable. Para San Agustín, el conocimiento está en Dios, aunque el ser humano llegue a conocer una parte de este conocimiento, solamente llegará a la totalidad si es iluminado por la ayuda de Dios.
Para demostrar que Dios existe, San Agustín comentó que existen tres pruebas fehacientes que lo constatan: El orden físico del universo da fe de que existe un ente regidor de las leyes universales, por todo el planeta tierra siempre hay una creencia de un dios supremo y esto da como resultado de que existe un consenso humano de la creencia de Dios como creador de la tierra y la última prueba radica en que el ser humano es consciente de que existen realidades inmutables que han estado desde antes del mismo hombre.

San Agustín desglosa su teoría en tres partes principales: la felicidad (que es exógena al individuo mismo), el libre albedrío y el mal.

En el contexto histórico de la época de San Agustín, los cristianos son perseguidos por los romanos ya que estos pensaban que la caída del Imperio Romano se debía a que la religión que los cristianos pregonaban había sido un factor de suma importancia puesto que el imperio mantuvo siempre una doctrina religiosa politeísta, es decir, la adoración de varios dioses que fueron mermados por el monoteísmo, la creencia de un solo dios.

La Ciudad de Dios fue una obra escrita por San Agustín que precisamente hablaba sobre el cuestionamiento y la reflexión histórica de occidente. En el escrito se señala la ruptura de la sociedad en dos partes: dos ciudades. En una se encuentran los que están ensimismados sobre su ser y no alcanzan a percibir a su creador, se alejan cada vez más de Dios. En la segunda ciudad se encuentran aquellos que aman a Dios y toman parte de su forma planteada a través de normar para que el hombre encuentre la felicidad mediante sus designios.

La lucha histórica se encuentra asociada a la lucha de estas dos ciudades, según plantea San Agustín.
Pero santo Tomás de Aquino, teólogo y filosófico italiano, existe una desvirtuación de los conceptos agustinos acerca de las dos ciudades dentro de la sociedad humana (Jerusalén como Dios, Babilonia como lo terrestre), pues como comenta el escritor Edualdo Forment, en su obra Fundación:

“La ciudad de Babilonia es considerada por San Agustín como el resultado de la corrupción del hombre por el pecado original; mientras que la ciudad de Jerusalén, la ciudad celestial representaría la comunidad cristiana que viviría de acuerdo con los principios de la Biblia y los evangelios. Las circunstancias sociales y la evolución de las formas de poder en el siglo XIII, especialmente los problemas derivados de la relación entre la Iglesia y el Estado, llevarán a Sto. Tomás a un planteamiento distinto, inspirado también en la Política aristotélica, aunque teniendo en cuenta las necesarias adaptaciones al cristianismo”.

Para Tomás de Aquino, el hombre es un ser social por naturaleza que nace para vivir en comunidad con otros seres humanos. Cada hombre tiene un destino trascendental en la vida. La Iglesia es quien mantiene una organización de estos hombres para que sean individuos de bien dentro de la sociedad.
Para Tomás de Aquino, la fe se mantiene sobre la razón, fenómeno que, como se vio en párrafos anteriores, San Agustín los mantiene iguales. Aquino postula este hecho puesto que dice que la Iglesia y el Estado se subordinan ante la fe más que a la razón ya que es una virtud del hombre que hace trascenderlo hacia una condición mejor. El Estado debe procurar el bien y la paz común y lo logrará legislando a través de las leyes naturales que Dios ha proporcionado. Las faltas que son contrarias a las leyes naturales de Dios deben rechazarse puesto que no son divinas.

Con respecto a las mejores formas de gobernar, santo Tomás de Aquino retoma los ideales del filósofo griego Aristóteles, distingue tres formas de gobierno buenas y tres malas, las cuales, cada una es la degeneración de la anterior. Aquino no contempla ninguna de estas como deseable para Dios.

Santo Tomás de Aquino mantuvo en su tesis central de sus obras y su pensamiento que el fin del hombre es alcanzar la felicidad y para conseguirla, este debe de someterse a las normas de la ley natural. De esta froma, la ley natural expresa la libertad del hombre y exige un orden racional y universal de su conducta.

La peor forma de gobierno, para santo Tomás de Aquino, es la tiranía. Las virtudes aristotélicas son recogidas por el filósofo teológico quien las profundiza, corrobora y las hace trascender.
Uno de los principales lemas que dejaron una gran enseñanza espiritual, política y social de santo Tomás de Aquino es:

“La ética es el amor al prójimo, que es querer el bien del hombre”.