miércoles, 25 de julio de 2018

Ensayo acerca de las Principales Ideas del Pensamiento Absolutista


En este apartado, es preciso conciliar el concepto de lo absoluto dentro del ensayo. La denominación de este concepto, dentro de los menesteres políticos y la acción humana en general, encuentra un acomodo con otros conceptos como régimen, historia, forma de gobernanza e ideología. La connotación teórica del absolutismo considera como premisa principal el ideal de la ilimitación, es decir, que no existan normas que detengan un fenómeno. Esto lleva consigo una contraparte de los postulados divinos, los cuales, se ciernen dentro de un dogmatismo, una normatividad y un límite.

Por ejemplo, los reyes absolutos siembran su autoría ante el pueblo; subordinándolo sin ningún límite. Inclusive, los reyes hacen que el Estado mismo se supedite a placer del monarca. La Iglesia se fue desglosando entonces en ideales absolutistas que corrompían los designios primigenios de los Escritos Sagrados. Posteriormente se engendraron movimientos por toda Europa en donde se pugnaba en contra de esta condición.

Existió un movimiento religioso en Alemania, durante el siglo XVI, el cual efectuó un importante desglose dentro de la Iglesia Católica. Se empezaron a crear sectorizaciones de grupos que mantenían diferentes ideales acerca de la religiosidad. Algunos de ellos se fueron por la vía del protestantismo, quienes se separaron definitivamente de la Iglesia Católica mediante desarrollos teológicos muy importantes. Estos grupos crearon La Reforma Protestante la cual criticaba la posición de teólogos y pensadores políticos de la realidad de la época.

La premisa principal de la Reforma protestante era la de cambiar los usos y costumbres de la Iglesia Católica, especialmente a lo que se refería al sistema papal que dominaba a toda la comunidad religiosa. Se pretendió reformar al catolicismo y regresar al cristianismo primitivo, es decir, a aquella creencia de un ser supremo que no estuviera institucionalizado, puesto que esto trae consigo, de una manera natural, la no tolerancia de otros credos. Se pretendía regresar a la fe sin burocracia.

El anticlericalismo y la centralización de todo acto mediante la comunicación de Cristo sin intermediación de la Iglesia y la humanización fueron pensamientos que revolucionaron la forma de concebir al ser humano como un ente que ve hacia él mismo dentro del desarrollo. Es aquí donde se implantan las primeras raíces del positivismo que, muchos años después, aplicaran Saint Simon y Augusto Comte, y que Hegel planteara filosóficamente con la dialéctica pero desapegándose totalmente de la misticidad. Un gran paso si recordamos que la reforma fue creada en el tiempo del medio evo y el feudalismo.

Martín Lutero, quien era un fraile católico agustino, impulsó la reforma en Alemania. Lutero era un gran estudioso de las Sagradas Escrituras y se percató de que muchas diligencias que efectuaba la Iglesia eran más cuestiones administrativas y de lucro que del verdadero principio de la religión cristiana: la felicidad. El evangelio, decía Lutero, lo ocupa la Iglesia como vil mercancía y no para ofrecer una enseñanza cristiana.

La Reforma estuvo supeditada por los incentivos económicos que encontraba de algunos príncipes y monarcas para poder crear iglesias alternativas a las oficiales, las cuales, tuvieron un auge a nivel estatal y posteriormente a nivel nacional. Los grandes exponentes de la Reforma fueron dos personajes: Martín Lutero, de quien ya se ha hablado; y Juan Calvino, teólogo francés quien desarrolló, obviamente, el calvinismo.

El calvinismo surge como una corriente antecesora muy importante dentro del desarrollo económico capitalista en Europa. La usura, que se ocupó durante mucho tiempo en el feudalismo como política, en un principio rechazada pero después aceptada ya que traía beneficios económicos hacia la Iglesia y los incipientes Estados, fue puesta sobre la mesa mediante severas pugnas.

Según Calvino, es malo cargar interés al dinero, puesto que el dinero es un ente estático. Pero que a la vez, este puede ser fructífero si se sabe dar un buen uso. El dinero debe de prestarse a personas en extrema pobreza sin usufructo, con otros estratos, se debe de dar una tasa fija de pago de interés ya que sí lo pueden pagar. Este fenómeno se puede ver como un aspecto precapitalista.

También, dentro de esta época, los teólogos mencionados explican, dentro de su ideología, que las personas vida natural dentro de una sociedad temporal que está sometida a una autoridad civil. Esta autoridad civil tiene una espada que sirve para evitar las maldades que puedan surgir de la sociedad, manteniendo así un control. El poder político es una institución de origen divino y su misión es la de evitar la maldad del hombre y tener una buena sociedad.

La obediencia al poder civil es, también, la obediencia hacia Dios. Existen dos regímenes: el de la espada y la palabra, los dos provienen de Dios.

El cristiano no ocupa la espada, se somete por amor porque la espada es buena para la sociedad. La gestión política se sirve de buenos cristianos. Lutero tiene obras para hacer a un buen cristiano, un buen príncipe y cómo debe de crear una buena autoridad secular. Pero el poder civil tiene límites puesto que no puede hacer decisiones relacionadas a la fe. Tampoco puede esta obligar al individuo a la fe puesto que la religión es personal.


Poco a poco, la política se va apartando de los preceptos antes mencionados. Los pensamientos metafísicos, éticos y religiosos son cambiados por un materialismo objetivo de los hechos humanos.

Nicolás Maquiavelo entró, con un fuerte ideal, que hubo de inmiscuirse sobre los menesteres políticos a través de la crisis del pensamiento en el siglo XV y principios del XVI. Existió una ruptura muy marcada entre el ser y el deber ser, los valores morales y la reflexión sobre los hechos políticos y el encausamiento de este fenómeno.

Dentro de la obra más importante de Maquiavelo, titulada El Príncipe, se desmenuza el hecho de cómo se vive y cómo se debería vivir. La innovación de este escrito radica en que Maquiavelo tuvo una visión más realista acerca de la concepción del poder a través de un enfoque utilitarista de la política como herramienta.

Haciendo un acercamiento de realismo, Maquiavelo encuentra una visión pesimista del hombre; quien no es bueno ni malo. El hombre, según Maquiavelo, tiende a comportarse de forma negativa, quien es político, debe de tener en cuenta esta condición inherente a su condición de hombre, de humano. Los aspectos negativos pueden ser aspectos que se reproduzcan en la práctica de la política también.

Como menciona el escritor e historiador Mario A. Rulfa en su obra Maquiavelo, este retoma los pensamientos filosóficos de los grandes clásicos griegos para escribir su obra: “Maquiavelo retoma el concepto de areté configurado antes de que el pensamiento de Sócrates, Platón y Aristóteles lo hubiesen transformado en «razón». En particular, el pensador florentino parece hacer suya la condición de areté empleada por algunos sofistas. En palabras de L. Firpo la virtud es vigor y salud, astucia y energía, capacidad de previsión, planificar, de constreñir. Es, sobre todo, una voluntad que sirva de dique de contención ante el total desbordamiento de los acontecimientos, que imprima una norma –siempre parcial, por desgracia, y caduca– al caos, que construya con tenacidad indefectible un orden dentro de un mundo que desmorona y se disgrega de forma permanente”.

Para el autor italiano, los menesteres de la humanidad se encuentran supeditadas dentro de dos vertientes: la suerte y la virtud y la libertad. Para que el libre albedrío no se apague, el azar es árbitro de la mitad de nuestros hechos. Pero es el mismo ser humano quien tiene la facultad de dirigir y destinar su propio camino en la vida.

Dentro del contexto histórico, Maquiavelo observó a Cesar Borgia y construyó una teoría basada en que el príncipe debe de mantener estable a la población y su territorio. Para asegurar la paz de estos dos, debe mantener también un ejército profesionalizado.

Un príncipe debe de ser temido más que amado. No se debe dudar, nunca, a quien mantiene un ideal contrario al estipulado. Por otra parte, para mantener al pueblo tranquilo y subordinado, el príncipe debe de divertirlo. Las mentes brillantes deben ser captadas en beneficio del príncipe.

En materia política, es muy importante que el príncipe efectúe alianzas con los más débiles para poder hacer frente a los fuertes.

Un príncipe, como parte de las buenas características, debe estar siempre desconfiando y no fiarse de cualquiera. Debe de tener suma delicadeza al momento de elegir a sus amigos y a sus allegados más íntimos. Debe de poner un ejemplo intachable para que sea un modelo a a seguir y se dé a respetar mediante el miedo a los súbditos. Si existiese un conato de rebeldía, el príncipe debe dar un castigo ejemplar para que no exista otra insinuación, siquiera, de repetir tal rebeldía. Esto obligará a los súbditos  temer la autoridad y no tener una voluntad de afrontarla.

Pero el príncipe no deberá de exceder en el poder puesto que el miedo que sienten los súbditos puede convertirse en odio. Lo que se consigue con los castigos pues, deberá ser el respeto de los súbditos frente a su autoridad.

Aunque esta concepción de poder fue utilizada por mucho tiempo, en Francia del siglo XVI, Juan Bodino quien es un gran pensador y filosófico, afirmó que el origen de la autoridad está en el pacto social que se genera entre las diversas familias que son los componentes de las élites de la sociedad quienes tienen un mutuo acuerdo en una persona o institución para que se ejerza la autoridad y un gobierno que la emana.

Por esta razón, el poder político, para Bodino, es el resultado de una relación social culminada en un pacto y la persona que ostentará el poder deberá tenerlo en absoluto y sus decretos deberán ser obedecidos por todos.

Para Bodino, Dios es el fundamento de la razón humana y de la naturaleza humana; es el eje rector de la estructura política del ser humano. Posteriormente, los hombres se ponen de acuerdo para buscar una autoridad entre ellos mismos. Por ello el Estado no ha de estar determinado por la Iglesia, pero sí ha de respetarla.
Entonces, el hombre, por consenso general, designa a su líder quien ha de guiar a la sociedad por el buen camino del desarrollo y de la civilización para que perdure una sociedad y tenga una evolución positiva.
Existen diversas formas posibles de gobierno, teniendo en cuenta dónde se concentra la soberanía:
En la democracia el pueblo como cuerpo posee el poder soberano. En la aristocracia la soberanía es poseída por una menor parte de dicho cuerpo. En la monarquía la soberanía se concentra en una persona.
Para Hobbes, quien pretendía ser un prócer en la iniciación de la filosofía de la política y quien discrepaba del concepto aristotélico de que el hombre es un ser animal (zoo politicón), argumentó que la sociedad se establece mediante un acuerdo artificial que está supeditado a intereses subjetivos de élite que busca, entre otras cosas, una seguridad en base al temor de los demás.
En la obra de Hobbes, denominada Leviatán, se concibe el poder absoluto y la caracterización de un dios mortal. El estado de naturaleza del hombre significa, para Hobbes, un estado permanente de lucha del ser humano con sus coterráneos. Se vive en una eterna pugna: “El hombre es un lobo para el hombre”, Este ser humano, estando en este mismo estado de naturaleza también es racional que se puede emancipar del desorden y provocar una paz.
Para lograr una vida estable y que el estado de naturaleza no se genere por los instintos del hombre, los individuos se subordinan, de una manera consciente, a derechos en favor de un tercer actor; derechos que se ceden mediante un contrato, un consenso. La República o Estado (Leviatán) mantiene, entonces, una sesión de derechos de los individuos, derechos que son inmutables y permanentes.

Entonces, el Estado o República mantienen un poder que no se le puede quitar; es el máximo soberano que engendra, dentro de sus fauces, la fuente del derecho del individuo, sea esta de carácter político, económico, moral o social.

Bibliografía. Recuperado el 4 de enero de 2018.


Hobbes, Tomás. Leviatán. Editorial Gernika, México, 1994.

San Agustín. La Ciudad de Dios. Editorial Porrúa (Colección Sepan Cuantos núm. 59), México 1990.

Santo Tomás de Aquino. Tratado de la Ley y Opúsculo sobre el Gobierno de los Príncipes.
Editorial Porrúa (Colección Sepan Cuentos núm. 301), México, 1994.

Cremona, Carlo. Agustín de Hipona: la razón y la fe. Ediciones Rialp, Buenos Aires, 1991.

San Agustín. Obras completas de San Agustín. 41 volúmenes. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. 348.

Tomas de Aquino, Suma Teológica, Porrúa, México, 1999.

 Obras completas en latín. S. THOMAE DE AQUINO OPERA OMNIA recognovit ac instruxit Enrique Alarcón automato electronico. Pampilonae ad Universitatis Studiorum Navarrensis aedes A. D. MMI.

Pastor Marialba, Nueva Historia Mundial, Santillana, México, 2008.

Maquiavelo Nicolás, El Príncipe, Porrúa, México, 1988.

miércoles, 18 de julio de 2018

El Papel de la Iglesia y el Cristianismo como Principio de Cohesión Social


Los padres de la Iglesia lo constituyeron literatos teológicos y pastores de alto rango quienes son considerados como parte de la génesis de la fe contemporánea católica.

La doctrina autodidacta de este grupo de literatos radica en que sus escritos tienen un sentido muy en común entre este mismo grupo. Las enseñanzas que dejaron repercutieron de gran forma en la filosofía del espíritu y desarrollaron el pensamiento teológico cristiano mediante la lectura de las Sagradas Escrituras y configurando las ideas espirituales mediante la consolidación litúrgica.

La teología y la moral siempre fueron cuestiones de discusión en donde hubo conflictos internos, de esto ose ocasiona, por ejemplo, el fenómeno de la herejía dentro de la etapa del medioevo por parte de la Iglesia Post apostólica. Según este criterio, estos hombres fueron los continuadores de la doctrina de los apóstoles de Jesús, posteriormente los llegaron a sustituir mediante sus trabajos y enseñanzas a través de sus escritos dando una configuración, poco a poco, eclesiástica de jerarquías en donde se encontraba como primer eje fundamental, el papado.

El nombramiento como padres comienza en el siglo IV y fue el papa Gelasio quien comienza una lista oficial de los Padres de la Iglesia en donde se profesionaliza el estudio y vida de todos aquellos que han estado en el máximo puesto papal. Posteriormente, se fue dando un incremento del poder papal y, por consecuente, de la Iglesia para dar paso a un término que significa la unión del poder político y religioso en un solo ente: el cesaropapismo.

La palabra fue acuñada en el siglo XVIII por Justus Boehmer quien realizó una serie de estudios acerca de la Iglesia y su intención de dominio total sobre el planeta mediante la teología dogmática. Hoy en día, el concepto se conoce como despotismo: una relación entre Estado e Iglesia en donde existía un mutuo acuerdo para incrementar sus respectivos poderes políticos y económicos.

Por ejemplo, durante el siglo IX, el Imperio Bizantino tiene toda la autoridad sobre sus territorios, ejerciéndose al mismo tiempo como rey y sacerdote. Esto significa la obtención absoluta del poder mediante cuestionamientos materiales y espirituales, características importantes del ser humano.

Otro ejemplo es cuando el Papa León III se corona como rey de los francos y lombardos, teniendo también la autoridad sobre los romanos en donde fungía como Emperador sobre el Imperio Carolingio en el siglo IX donde estado e Iglesia se unieron para dar un mutuo apoyo.

El cesaropapismo lleva consigo la filosofía de que los reyes procedían por obra divina, es decir, eran elegidos por la mano de Dios quien les confería un poder total sobre su pueblo. El poder podía transferirse de forma hereditaria mediante el hijo primogénito del rey. Este fenómeno alcanza la cima con Enrique III en el siglo XI.

La religiosidad ha mantenido un papel muy importante sobre el mandato del hombre a través del tiempo. Por ejemplo, San Agustín, padre y doctor de la Iglesia católica, buscó durante toda su vida una concatenación entre razón y fe, las cuales, no deberías estar peleadas. Dentro de su filosofía, San Agustín maneja a la filosofía como eje central en la búsqueda de la verdad. Construye y elabora un entendimiento acerca de la búsqueda racional de Dios a través del raciocinio humano. A esta corriente filosófica, posteriormente, se le llamaría como la escolástica.

Según el padre de la Iglesia católica, Dios es una realidad que no se puede reemplazar; pero lo que él ha creado sí se puede reemplazar en donde el ser humano se encuentra dentro de estas dos aristas: la razón es la vía de comunicación con Dios aunque su cuerpo terrenal sea perecedero, es decir, que fenece.

El conocimiento verdadero, como se ve en este ensayo cuando se habló de Platón, es universal e inmutable. Para San Agustín, el conocimiento está en Dios, aunque el ser humano llegue a conocer una parte de este conocimiento, solamente llegará a la totalidad si es iluminado por la ayuda de Dios.
Para demostrar que Dios existe, San Agustín comentó que existen tres pruebas fehacientes que lo constatan: El orden físico del universo da fe de que existe un ente regidor de las leyes universales, por todo el planeta tierra siempre hay una creencia de un dios supremo y esto da como resultado de que existe un consenso humano de la creencia de Dios como creador de la tierra y la última prueba radica en que el ser humano es consciente de que existen realidades inmutables que han estado desde antes del mismo hombre.

San Agustín desglosa su teoría en tres partes principales: la felicidad (que es exógena al individuo mismo), el libre albedrío y el mal.

En el contexto histórico de la época de San Agustín, los cristianos son perseguidos por los romanos ya que estos pensaban que la caída del Imperio Romano se debía a que la religión que los cristianos pregonaban había sido un factor de suma importancia puesto que el imperio mantuvo siempre una doctrina religiosa politeísta, es decir, la adoración de varios dioses que fueron mermados por el monoteísmo, la creencia de un solo dios.

La Ciudad de Dios fue una obra escrita por San Agustín que precisamente hablaba sobre el cuestionamiento y la reflexión histórica de occidente. En el escrito se señala la ruptura de la sociedad en dos partes: dos ciudades. En una se encuentran los que están ensimismados sobre su ser y no alcanzan a percibir a su creador, se alejan cada vez más de Dios. En la segunda ciudad se encuentran aquellos que aman a Dios y toman parte de su forma planteada a través de normar para que el hombre encuentre la felicidad mediante sus designios.

La lucha histórica se encuentra asociada a la lucha de estas dos ciudades, según plantea San Agustín.
Pero santo Tomás de Aquino, teólogo y filosófico italiano, existe una desvirtuación de los conceptos agustinos acerca de las dos ciudades dentro de la sociedad humana (Jerusalén como Dios, Babilonia como lo terrestre), pues como comenta el escritor Edualdo Forment, en su obra Fundación:

“La ciudad de Babilonia es considerada por San Agustín como el resultado de la corrupción del hombre por el pecado original; mientras que la ciudad de Jerusalén, la ciudad celestial representaría la comunidad cristiana que viviría de acuerdo con los principios de la Biblia y los evangelios. Las circunstancias sociales y la evolución de las formas de poder en el siglo XIII, especialmente los problemas derivados de la relación entre la Iglesia y el Estado, llevarán a Sto. Tomás a un planteamiento distinto, inspirado también en la Política aristotélica, aunque teniendo en cuenta las necesarias adaptaciones al cristianismo”.

Para Tomás de Aquino, el hombre es un ser social por naturaleza que nace para vivir en comunidad con otros seres humanos. Cada hombre tiene un destino trascendental en la vida. La Iglesia es quien mantiene una organización de estos hombres para que sean individuos de bien dentro de la sociedad.
Para Tomás de Aquino, la fe se mantiene sobre la razón, fenómeno que, como se vio en párrafos anteriores, San Agustín los mantiene iguales. Aquino postula este hecho puesto que dice que la Iglesia y el Estado se subordinan ante la fe más que a la razón ya que es una virtud del hombre que hace trascenderlo hacia una condición mejor. El Estado debe procurar el bien y la paz común y lo logrará legislando a través de las leyes naturales que Dios ha proporcionado. Las faltas que son contrarias a las leyes naturales de Dios deben rechazarse puesto que no son divinas.

Con respecto a las mejores formas de gobernar, santo Tomás de Aquino retoma los ideales del filósofo griego Aristóteles, distingue tres formas de gobierno buenas y tres malas, las cuales, cada una es la degeneración de la anterior. Aquino no contempla ninguna de estas como deseable para Dios.

Santo Tomás de Aquino mantuvo en su tesis central de sus obras y su pensamiento que el fin del hombre es alcanzar la felicidad y para conseguirla, este debe de someterse a las normas de la ley natural. De esta froma, la ley natural expresa la libertad del hombre y exige un orden racional y universal de su conducta.

La peor forma de gobierno, para santo Tomás de Aquino, es la tiranía. Las virtudes aristotélicas son recogidas por el filósofo teológico quien las profundiza, corrobora y las hace trascender.
Uno de los principales lemas que dejaron una gran enseñanza espiritual, política y social de santo Tomás de Aquino es:

“La ética es el amor al prójimo, que es querer el bien del hombre”.

sábado, 16 de junio de 2018

Aspectos Concernientes a la Unidad Política, Ciudadanía, Fuerzas Sociales y Regímenes Políticos Existentes en la Antigüedad


 La estructura política griega se regía en la Polis. Los griegos mantenían una autocracia que, de cierta manera, garantizaba la libertad de sus ciudadanos en cuanto a menesteres políticos y económicos. No existieron relaciones de dependencia ni una competencia entre las zonas urbanas y rurales.

La Acrópolis fungía como el centro político-administrativo y social de la entidad. Ahí se reunía el ágora, edificios civiles, templos, la Gerusía, etc. El ágora fue una plaza pública (también funcionó como mercado) situado en los alrededores de la ciudad. Fue una pieza muy importante dentro de la vida política de la polis puesto que en ella surgen apasionados debates orales que dieron como consecuencia la conformación  de la filosofía griega.

Existió una rivalidad entre las pequeñas polis y es por eso que no se pudo fundar un Estado unificado ya que se consideraba que un espacio reducido seria idóneo para una buena política.

La ciudad-Estado o polis griega es la representación que se dio a los territorios constituidos en la antigua Grecia. Su historia se remonta desde la Edad Oscura (colapso del mundo micénico) hasta la era de los romanos. Las ciudades-Estado griegas fueron muy importantes ya que en ellas se desarrolló y evolucionó la civilización griega hasta la época denominada como helenista.

Como se mencionó anteriormente en este escrito, los sectores rurales y urbanos no pugnaron, más bien existió una unión.

Dentro de la rama social, la polis se distinguía por ser un territorio en donde sus ciudadanos eran libres y gozaban de todos sus derechos. Al contrario de los esclavos no tenían libertad y eran negados de derechos. Las mujeres yacían en las mismas condiciones que los esclavos: sin libertad y sin derechos.

En el diseño urbano de la polis era de carácter clásico. Las principales ciudades fueron Atenas y Esparta.

En un pasado, las polis fueron controladas por caudillos militares con poder religioso y judicial. En el siglo VII a.C. la ideología oligárquica se impuso a la monárquica y dio como resultado que el poder pasara a asambleas conformadas por familias nativas o muy ricas.


Es dentro de esta sociedad en donde se ciernen nuevos preceptos que siguen hoy en día a través de los grandes pensadores de aquella época. Para Platón, grande filósofo y seguidor de Sócrates, la justicia tiene una gran importancia dentro del Estado; la ética aplicada sobe un aparato arbitrario es el mejor elemento para tener una función gobernante ideal. Pero para que esta función se logre, Platón argumentó que debe de existir un frente común, es decir, una unión armoniosa entre todas las clases sociales y una coacción hacia el bien general.

La estructura de las sociedades, según Platón, tendría que ser elaborada mediante el espíritu y la razón del alma de cada miembro del Estado. Por ejemplo, trabajadores, guerreros  y gobernantes constituían un modelo democrático a partir del apetito del alma, espíritu del alma y razón del alma respectivamente. Pero en aquel tiempo, para Platón no existía un órgano capaz de cumplir con este tratado puesto que la razón y la sabiduría eran las que deberían de gobernar; un rey que gobernara con filosofía acertada y no solamente con el poder político que se le confiere para que logre una justa paz y una bondadosa soberanía que se comprometa con la educación de sus ciudadanos. En donde existan reyes filósofos es en donde existirá el Estado ideal.

Dentro de la obra de Platón llamada La República se exhiben las nociones de un Estado ideal a través de la justicia e injusticia y acota términos como ciudad verdadera y sana, dando un matiz de crítica hacia la sociedad de su época.

Pero para que se dé un Estado bueno, el individuo debe de enarbolar sus virtudes, puesto que estas le otorgan un grado de  conocimiento. La virtud gira dentro de una dialéctica con el conocimiento ya que, quien tiene virtud, tiene lo segundo. Por ejemplo,, la justicia es una virtud, pero para que alguien pueda ser justo debe de tener conocimiento. Esta lógica permite representar, mediante silogismos, la función de la virtud y su complementación con el conocimiento.

Sobre el planteamiento filosófico acerca del conocimiento Platón crea la idea de que nada se puede hacer bien si falta esta virtud; un trabajo material no se puede efectuar si no se sabe, primeramente, qué es lo que se hará: un puente no se puede elaborar mediante un mero voluntarismo, sino que se debe de tener un conocimiento previo para llevarlo a cabo.

Cada alma encuentra su propia virtud puesto que está concebida dentro de la naturaleza misma. Todo individuo tiene un tipo de virtud determinada; es por esa razón que no todos mantienen la misma sapiencia, que es la parte racional de la conducta humana. Su contraparte, que es el deseo excesivo, debe de ser moderada mediante la virtud de la templanza: virtud que es parte de conocimiento.



Entonces, el Estado es garante o debe dar garantía de justicia para los individuos; tanto colectiva como personalmente. Tal Estado, para Platón es como un hombre “grande”; en donde toma la unión de los individuos de igual forma como cada individuo está conformado por organismos biológicos. Debe este dar, entonces, un servicio de los hombres para los hombres mediante la especialización de cada diligencia.

Para hablar del origen del Estado, es necesario replantear los conceptos dialécticos de Hegel quien hace un estudio muy elaborado acerca de este tema. Hegel propone, primeramente, que el concepto es objetivo y está elevado por encima de la opinión pública. La sociedad civil está condicionada por sentimientos y no por normas. Por ejemplo un individuo encuentra su primera relación social mediante su familia; persona que no fueron impuestas por arbitrio sino biológicamente. Posteriormente, las familias encuentran una unión, no fraternal sino de convenios personales con otras familias; conformando la sociedad civil. El desarrollo sistemático de esta sociedad civil crea el Estado, quien es el que rige la conducta de la sociedad a través de una legitimación.

El supuesto hegeliano es dialéctico puesto que representa facciones de negación, doble negación y superación del fenómeno, creando un nuevo ciclo dialéctico. Por ejemplo, la superación de la familia es la sociedad civil, quien encuentra su superior mediante el Estado. Pero para que el Estado pueda vivir debe de haber una coexistencia entre estos tres niveles sociales.

De las diferentes formas de gobernar del Estado podemos encontrar algunas que parecen ser democráticas y representativas y otras que son todo lo contrario:

Democracia. Tomado este término en su estricto sentido, no existe democracia, no ha existido no existirá jamás. La orden natural se rige en que la minoría debe de gobernar y la mayoría debe de ser gobernada, La democracia arguye que el gobierno debe de ser de la mayoría mediante una representación concentrada en un sector o en una humanidad.

La aristocracia. Aquí, prácticamente se somete la soberanía a los más experimentados. Existen tres tipos de aristocracia: la natural, la electiva y la hereditaria. Según Rousseau, “La primera no conviene sino a los pueblos simples; la tercera es la peor de todos los gobiernos y la segunda es la mejor”. El poder lo erigen los más sabios; quienes tienen las facultades de llevar al pueblo a una mejor condición de vida.

La monarquía. El príncipe es considerado como una persona que reúne toda la fuerza colectiva del pueblo. En él recae la concentración de poder absoluta. La familia del príncipe y del rey están facultados para legitimar cualquier hecho que ellos así lo consideren. Este poder es consanguíneo y hereditario. El poder se traslada de generación en generación.

Timocracia. Aquí, la condición de sabiduría no es necesaria pero sí, los recursos materiales que mantenga quien aspire al poder. Un ciudadano podrá aspirar al poder siempre y cuando tenga capital y grandes propiedades terrenales en su autoría. El honor juega un papel muy importante sobre los menesteres políticos puesto que es una virtud que permite tener cierto abolengo y poder obtener un cargo gubernamental.

Oligarquía. El poder está concentrado en un grupo reducido de personas. Los poseedores de grandes recursos económicos son quienes direccionan las diligencias políticas. También son denominados como sectores de empresarios que monopolizan el mercada para así llegar a la cúpula política del poder.

Tiranía. Poder político unipersonal y absoluto. Siendo esta una concentración de poder que recae en un solo hombre, converge hacia poderes no solamente políticos, sino también económicos, sociales, culturales, ideales, etc.

En cuanto para Aristóteles, la visión filosófica que este gestiona en cuanto a los menesteres políticos son, en primera parte, aunados a las virtudes del ser humano. La ética es un saber práctico que sirve como herramienta para redefinir el comportamiento humano hacia un buen uso de su libre albedrío. La capacidad de poder decidir libremente qué camino tomar como opción no está regida por la naturaleza; puesto que si así fuere, el hombre actuaría a través de sus instintos (existencia y reproducción) y no tanto por su carácter racional. Debe de existir un punto mediador para que el individuo tenga una decisión equilibrada.

Sobre los estratos sociales, Aristóteles argumenta que es el hogar en donde se satisfacen las necesidades primarias de un individuo. La polis es el esquema más beneficioso para el individuo ya que es en donde éste se desarrolla a través de ejes económicos, políticos, sociales y culturales. En la polis, el hombre ya no vive dentro de un entorno natural de supervivencia sino que es aquí donde empieza a vivir y decidir libremente.

Pero para que se pueda dar una organización racional dentro de la polis, esta debe de tener una política la cual, Aristóteles la concibe como “un saber que reconoce la absoluta primacía entre las ciencias prácticas”.

Aristóteles arguye que, no obstante de que las ciudades fueron después de las tribus y de las familias, cronológicamente hablando, la ciudad representa un nivel superior de organización dentro de la sociedad. La ciudad potencializa las cualidades del ser humano en cuanto a organización y desarrollo. La constitución, para Aristóteles, es la vida misma del Estado; ayuda a la vida misma de la polis en su desarrollo, debe de ser inherente para todo ciudadano en beneficio de la voluntad general.

Para Aristóteles, existen dos tipos de gobierno: las formas puras de gobierno y las impuras.

Dentro de las formas puras se puede encontrar la monarquía que es la forma de gobierno en donde el poder político se encuentra, solamente, en un elemento ejecutor. Otra forma de gobierno pura es la Aristocracia en donde el poder está reducido a un pequeño número de individuos que, teóricamente, son los más calificados intelectualmente para gobernar una región o un territorio. Finalmente está la democracia en donde el poder es del pueblo representado en un hombre quien deberá acatar los mandamientos de los ciudadanos.

En las formas de gobierno impuras se contempla la tiranía en donde el poder se centra en un solo hombre quien no contempla la voluntad general y ejerce un poder subjetivo, es decir, implementa un gobierno a interés personal. Otro tipo de gobierno impuro es el de oligarquía en donde los más ricos son los que sustentan el poder y en donde los oligarcas solo representan un número muy reducido de miembros. La demagogia también entra en el rubro de formas de gobierno impuras puesto que es aquí en donde, quienes aspiran al poder mediante actos pacíficos, implementan una serie de movimientos para halagar, por ejemplo, a los votantes para que estos cedan su elección hacia los candidatos supuestamente carismáticos.

Aristóteles es un pensador, un filósofo que siempre se pregunta acerca de la acción del hombre hacia su entorno material, esto es lo que lo lleva a hacer diferentes estudios acerca del comportamiento del ser humano dentro de su organización social y dar como resultado los diferentes tipos de gobierno. Pero Aristóteles hace también estudios a fondo acerca de la episteme de la sociedad a través de cada individuo: de su moral, de su ética, de su espíritu y de su razonamiento.

Por ejemplo, Aristóteles expone las cualidades del hombre tiene y puede obtener de su entorno llamándolas bienes. Estos bienes se clasifican en bienes externos los cuales, se puede decir, que son el mundano puesto que no son intrínsecos al ser humano, estos son los honores, la riqueza, el poder, la fama. Los bienes que son propios del cuerpo son la salud, la integridad, el placer, etc. Los cuales dan un beneficio individual y son necesarios para que se puedan obtener los otros bienes. Los bienes del alma se erigen analógicamente con la salud del espíritu. La sabiduría o la contemplación del entorno son bienes que ayudan a la alimentación del alma de una manera más privada y ensimismada hacia el individuo.

Dentro de las clases sociales aristotélicas, se debe recordar que existían trabajos envilecidos puesto que no representaban un empleo virtuoso, es decir, trabajos ligados a herramientas manuales como la de los artesanos por ejemplo. Los trabajos virtuosos, en contrapartes, los hacían individuos que para la sociedad representaban personas dignas de poseer bienes raíces.


La sociedad griega estaba sectorializado por dos ejes sociales; por una parte estaban los que eran denominados como ciudadanos quienes contaban con una dirección política dentro de la sociedad y los esclavos quienes estaban excluidos de todas las garantías políticas. El Estado griego, solamente, beneficiaba a los ciudadanos. Aristóteles argumenta que esta diferencia está basada en diferencias naturales y morales en donde están sometidos los individuos. Se nacía esclavo para morir esclavo.

Dentro de las clases sociales encontramos a quien se dedica a los menesteres de labranza y están ligados a la agricultura; el artesano está ligado a la mecánica; el comerciante, que es una profesión, al rubro mercantil; el guerrero (mercenario) a la guerra; el sacerdote al culto divino y como punta de estas clases sociales se encuentran los magistrados y jueces quienes están ligados a las deliberaciones de los negocios estatales.

Para que estas clases sociales fluyan correctamente, Aristóteles pronuncia que el Estado debe de ser bueno, y para que sea bueno debe de practicar la virtud y asegurar la felicidad de sus ciudadanos en donde estos adopten, de manera libre, la vía que más les parezca necesario  en la política o la filosofía (dentro de las leyes).

Aristóteles es un filósofo que no cree en una felicidad endógena al individuo mismo, sino que esta está condicionada a factores, meramente externos como en la actividad, pues Aristóteles argumenta que sólo en ella se realiza la virtud. La infelicidad es el no trabajar. El buen Estado, entonces, debe de ser un Estado dinámico y trabajador al igual que los ciudadanos. Sólo sí se encontrará un buen Estado con virtud.

Pero para que exista un buen Estado, también debe de existir una buena política. Aristóteles no plantea a la política como una vía para crear estados ideales de manera abstracta, sino un eje rector para que las leyes, costumbres, tradiciones, ideales y propiedades se entrelacen hacia una realidad. Aristóteles concibe a la política como una ciencia práctica de la cual emerge la ética, ya que la verdadera meta del Estado es crear buenos ciudadanos. Y el Estado debe de ser representado por integrantes que tengan la capacidad moral y filosófica para dirigir el buen Estado mediante un buen gobernante.

El gobernante virtuoso es aquel quien dirige el destino de su pueblo mediante una moral y una ética llenas de sabiduría. Este se esforzará por dar felicidad a sus ciudadanos y debe de ser él feliz en principio para que pueda acontecer este hecho.




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Bibliografía. Recuperado el 24 de diciembre 2013.







Aristóteles, Ética Nicomáquea, Porrúa. México 2001

Engels Federico. El origen de la familia. La propiedad privada y el estado. Editores Unidos. México 1992.

Platón. La República. Porrúa. México 1997.

Domingo Plácido Suárez: Tucídides, sobre la tiranía. Paidos Buenos Aires 1987.

Aristóteles. La Política, Thomson Caracas 1999.

Nichols, Mary P. Ciudadanos y estadistas: Estudio de la "Política" de Aristóteles. Lanham: Rowman & Littlefield. Arkansas 1992.


Conceptos de Estado, Sistema y Poder Político


·         Estado. El Estado se concibe como asociación de dominación con carácter institucional que ha tratado, con éxito, de monopolizar dentro de un territorio la violencia física legítima como medio de dominación y que, a este fin, ha reunido todos los medios materiales en manos de su dirigente y ha expropiado a todos los funcionarios estamentales que antes disponían de ellos por derecho propio, sustituyéndolos con sus propias jerarquías supremas (Weber, 1914). Una acepción más conceptualizada que nos ofrece la Real Academia de la Lengua Española (DRAE) dice que: “el Estado es cada uno de los estamentos en que se dividía el cuerpo social; como el eclesiástico, el de nobles, el de plebeyos, etc.”

·         Sistema Político. Según William Lapierre, un sistema político es una serie total de acción, es decir, un conjunto de procesos para tomar decisiones que conciernen a la totalidad de una sociedad específica. Un sistema político es un sistema de relaciones existentes en sociedades libres que realizan roles de integración y adaptación; tanto en el interior de la sociedad, como en el exterior con otras sociedades mediante el uso de la violencia más o menos legítima (Almond, 1976).   

·         Poder. El Diccionario del Español de México (DEM), editado por el Colegio de México, define el poder como “tener algo o alguien la capacidad, la fuerza o el derecho de hacer algo: poder mirar, poder trabajar, poder caminar, poder golpear, poder ordenar, poder salir, poder descansar”. El diccionario Larousse dice que: “el poder es la facultad para ejercer el mando, gobierno o dominio sobre estados, provincias, o un colectivo cualquiera.” Para Hobbes (1648), el poder no es el hombre, sino los medios que este posee para obtener un bien futuro que sea manifiesto.

·         Poder Político. Pelayo García dice que el poder político es un poder que capacita a la sociedad para establecer relaciones regulares y normativas con otras sociedades, es decir, poder hacer concordados con la Iglesia o alianzas con extranjeros por ejemplo a fin de que exista una preservación de la soberanía.  Para Niklas Luhmann, el poder político es sinónimo de poder financiero, poder económico. Los recursos que tenga un cierto sector de la sociedad la legitima de facto para tener poder político.

·         Legitimidad. La etimología de esta palabra es del latín legitimus que quiere decir: conforme a las leyes. La DRAE ofrece otras acepciones: Cierto, genuino y verdadero y que es de la ley o calidad debida.


·         Gobierno. El DEM dice que gobierno es un conjunto de órganos e instituciones, con facultades y responsabilidades determinadas por las leyes, creados para atender la función pública de un país. Rousseau, dentro de su obra El Contrato Social, página 82, lo define como un cuerpo intermediario establecido entre los súbditos y el soberano para su recíproca correspondencia, encargado de la ejecución de las leyes y el mantenimiento de la libertad, tanto civil como política.

·         Democracia. El diccionario Larousse lo define como un “régimen político en el que el pueblo participa en el gobierno de un país, mediante la elección de sus representantes”Platón la define en una de las tres formas de gobierno (monarquía, aristocracia y democracia), siendo ésta última la más desarrollada.

·         Soberanía. La DRAE lo define: “Autoridad suprema del poder político”. Para Rousseau, la soberanía es un aparato dialéctico que funciona mediante leyes emanadas del pueblo hacia los magistrados designados. La soberanía es la voluntad general del pueblo materializado en un pequeño sector social.


·         Opinión Pública. Según Habermas, la opinión pública es la idea de un individuo o una sociedad referente a un fenómeno o acción social o de hechos que sean de su propio interés. La etimología de este concepto tiene sus raíces en el latín opinor que se traduce al español como opinar y del griego pinyoo que significa saber. Entonces, una acepción acercada de las raíces etimológicas pueden dar la conclusión de que la opinión pública significa el conocimiento de un individuo o de la sociedad acerca de un fenómeno o acción social.

·         Cultura Política. La definición de este concepto es abstracta, por ejemplo, Montesquieu, llevó a cabo un análisis de lo que significa una cultura política, en donde dice que es la relación y diferencia con los ciertos órganos o partes morfológicas de las sociedades políticas. El Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM (IIJ) lo define como “una forma de la sociedad para construirse frente al mundo y organizarse frente al poder. Conjunto de elementos que configuran la percepción subjetiva de una población respecto al poder”.


·         Comunicación Política. La raíz etimológica de este concepto parte del significado de la palabra comunicación viene del latín communicatio, correspondencia entre dos o más personas. Y la palabra política que viene del latín politicus que significa cortés con frialdad pero con certeza, según el DRAE. La comunicación política es una paradoja, no es la política, pero se produce en la comunicación política (Morató, 2006).

·         Ideología. Para el DRAE, ideología es un “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.” El DEM lo define como “Manera de pensar que determina la actitud y la interpretación de la realidad; conjunto de ideas, opiniones o valores que constituyen la visión del mundo de una época, de una sociedad o de un grupo de personas”.


·         Plaza Pública. Marcelo Rivero menciona que una plaza pública es un territorio físico que representa el núcleo cultural, comercial y político de una sociedad. “Las asambleas de ciudadanos se desarrollaban en ese espacio”. La oratoria y la retórica son las principales herramientas. Los antiguos griegos utilizaban las ágoras como plazas públicas. De cierta manera, es un lugar para discutir leyes y definir el futuro de un pueblo de una manera formal (Morató, 2004).

·         Nuevo Espacio Público. Para Georgina Isabel Campos Cortés, doctora emérita en sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana, un nuevo espacio público es  un espacio de libertad en cuanto a los temas comentados. Es un espacio dedicado a las ideas y realizadas por estas mismas. El Estado lo convierte, entonces, en un garante del interés general. En El nuevo espacio, público se aborda el problema de la comunicación política en la sociedad moderna, en la que los medios de comunicación masiva, en específico la televisión, adquieren relevancia en la formación de la opinión pública por la democratización, en lo que se refiere a su uso, dando lugar a una redefinición del espacio público (Robles, 2011).



Bibliografía. Recuperado el 20 de diciembre 2013.


Max Weber, “La política como vocación”, en su libro El político y el científico, trad. F. Rubio Llorente, Madrid, Alianza, 5ª ed., 1979, (p. 92).
Jean William Lapierre, El Análisis de los Sistemas Políticos páginas 38-45, Editorial Península, Barcelona, 1976.
Gabriel Almond y James Samuel Coleman, The Politics in the developing areas, página 7, Princeton Press. Princeton, 1960.
Giovanni Sartori. (1987, 1993) ¿Qué es la democracia?. Taurus. México D.F. 2003.
Jürgen Habermas (1962). Historia y crítica de la opinión pública. La transformación estructural de la vida pública. México y Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 1986.
Manuel Castells, Comunicación y Poder, Siglo XXI, México, 2009.