sábado, 16 de junio de 2018

Aspectos Concernientes a la Unidad Política, Ciudadanía, Fuerzas Sociales y Regímenes Políticos Existentes en la Antigüedad


 La estructura política griega se regía en la Polis. Los griegos mantenían una autocracia que, de cierta manera, garantizaba la libertad de sus ciudadanos en cuanto a menesteres políticos y económicos. No existieron relaciones de dependencia ni una competencia entre las zonas urbanas y rurales.

La Acrópolis fungía como el centro político-administrativo y social de la entidad. Ahí se reunía el ágora, edificios civiles, templos, la Gerusía, etc. El ágora fue una plaza pública (también funcionó como mercado) situado en los alrededores de la ciudad. Fue una pieza muy importante dentro de la vida política de la polis puesto que en ella surgen apasionados debates orales que dieron como consecuencia la conformación  de la filosofía griega.

Existió una rivalidad entre las pequeñas polis y es por eso que no se pudo fundar un Estado unificado ya que se consideraba que un espacio reducido seria idóneo para una buena política.

La ciudad-Estado o polis griega es la representación que se dio a los territorios constituidos en la antigua Grecia. Su historia se remonta desde la Edad Oscura (colapso del mundo micénico) hasta la era de los romanos. Las ciudades-Estado griegas fueron muy importantes ya que en ellas se desarrolló y evolucionó la civilización griega hasta la época denominada como helenista.

Como se mencionó anteriormente en este escrito, los sectores rurales y urbanos no pugnaron, más bien existió una unión.

Dentro de la rama social, la polis se distinguía por ser un territorio en donde sus ciudadanos eran libres y gozaban de todos sus derechos. Al contrario de los esclavos no tenían libertad y eran negados de derechos. Las mujeres yacían en las mismas condiciones que los esclavos: sin libertad y sin derechos.

En el diseño urbano de la polis era de carácter clásico. Las principales ciudades fueron Atenas y Esparta.

En un pasado, las polis fueron controladas por caudillos militares con poder religioso y judicial. En el siglo VII a.C. la ideología oligárquica se impuso a la monárquica y dio como resultado que el poder pasara a asambleas conformadas por familias nativas o muy ricas.


Es dentro de esta sociedad en donde se ciernen nuevos preceptos que siguen hoy en día a través de los grandes pensadores de aquella época. Para Platón, grande filósofo y seguidor de Sócrates, la justicia tiene una gran importancia dentro del Estado; la ética aplicada sobe un aparato arbitrario es el mejor elemento para tener una función gobernante ideal. Pero para que esta función se logre, Platón argumentó que debe de existir un frente común, es decir, una unión armoniosa entre todas las clases sociales y una coacción hacia el bien general.

La estructura de las sociedades, según Platón, tendría que ser elaborada mediante el espíritu y la razón del alma de cada miembro del Estado. Por ejemplo, trabajadores, guerreros  y gobernantes constituían un modelo democrático a partir del apetito del alma, espíritu del alma y razón del alma respectivamente. Pero en aquel tiempo, para Platón no existía un órgano capaz de cumplir con este tratado puesto que la razón y la sabiduría eran las que deberían de gobernar; un rey que gobernara con filosofía acertada y no solamente con el poder político que se le confiere para que logre una justa paz y una bondadosa soberanía que se comprometa con la educación de sus ciudadanos. En donde existan reyes filósofos es en donde existirá el Estado ideal.

Dentro de la obra de Platón llamada La República se exhiben las nociones de un Estado ideal a través de la justicia e injusticia y acota términos como ciudad verdadera y sana, dando un matiz de crítica hacia la sociedad de su época.

Pero para que se dé un Estado bueno, el individuo debe de enarbolar sus virtudes, puesto que estas le otorgan un grado de  conocimiento. La virtud gira dentro de una dialéctica con el conocimiento ya que, quien tiene virtud, tiene lo segundo. Por ejemplo,, la justicia es una virtud, pero para que alguien pueda ser justo debe de tener conocimiento. Esta lógica permite representar, mediante silogismos, la función de la virtud y su complementación con el conocimiento.

Sobre el planteamiento filosófico acerca del conocimiento Platón crea la idea de que nada se puede hacer bien si falta esta virtud; un trabajo material no se puede efectuar si no se sabe, primeramente, qué es lo que se hará: un puente no se puede elaborar mediante un mero voluntarismo, sino que se debe de tener un conocimiento previo para llevarlo a cabo.

Cada alma encuentra su propia virtud puesto que está concebida dentro de la naturaleza misma. Todo individuo tiene un tipo de virtud determinada; es por esa razón que no todos mantienen la misma sapiencia, que es la parte racional de la conducta humana. Su contraparte, que es el deseo excesivo, debe de ser moderada mediante la virtud de la templanza: virtud que es parte de conocimiento.



Entonces, el Estado es garante o debe dar garantía de justicia para los individuos; tanto colectiva como personalmente. Tal Estado, para Platón es como un hombre “grande”; en donde toma la unión de los individuos de igual forma como cada individuo está conformado por organismos biológicos. Debe este dar, entonces, un servicio de los hombres para los hombres mediante la especialización de cada diligencia.

Para hablar del origen del Estado, es necesario replantear los conceptos dialécticos de Hegel quien hace un estudio muy elaborado acerca de este tema. Hegel propone, primeramente, que el concepto es objetivo y está elevado por encima de la opinión pública. La sociedad civil está condicionada por sentimientos y no por normas. Por ejemplo un individuo encuentra su primera relación social mediante su familia; persona que no fueron impuestas por arbitrio sino biológicamente. Posteriormente, las familias encuentran una unión, no fraternal sino de convenios personales con otras familias; conformando la sociedad civil. El desarrollo sistemático de esta sociedad civil crea el Estado, quien es el que rige la conducta de la sociedad a través de una legitimación.

El supuesto hegeliano es dialéctico puesto que representa facciones de negación, doble negación y superación del fenómeno, creando un nuevo ciclo dialéctico. Por ejemplo, la superación de la familia es la sociedad civil, quien encuentra su superior mediante el Estado. Pero para que el Estado pueda vivir debe de haber una coexistencia entre estos tres niveles sociales.

De las diferentes formas de gobernar del Estado podemos encontrar algunas que parecen ser democráticas y representativas y otras que son todo lo contrario:

Democracia. Tomado este término en su estricto sentido, no existe democracia, no ha existido no existirá jamás. La orden natural se rige en que la minoría debe de gobernar y la mayoría debe de ser gobernada, La democracia arguye que el gobierno debe de ser de la mayoría mediante una representación concentrada en un sector o en una humanidad.

La aristocracia. Aquí, prácticamente se somete la soberanía a los más experimentados. Existen tres tipos de aristocracia: la natural, la electiva y la hereditaria. Según Rousseau, “La primera no conviene sino a los pueblos simples; la tercera es la peor de todos los gobiernos y la segunda es la mejor”. El poder lo erigen los más sabios; quienes tienen las facultades de llevar al pueblo a una mejor condición de vida.

La monarquía. El príncipe es considerado como una persona que reúne toda la fuerza colectiva del pueblo. En él recae la concentración de poder absoluta. La familia del príncipe y del rey están facultados para legitimar cualquier hecho que ellos así lo consideren. Este poder es consanguíneo y hereditario. El poder se traslada de generación en generación.

Timocracia. Aquí, la condición de sabiduría no es necesaria pero sí, los recursos materiales que mantenga quien aspire al poder. Un ciudadano podrá aspirar al poder siempre y cuando tenga capital y grandes propiedades terrenales en su autoría. El honor juega un papel muy importante sobre los menesteres políticos puesto que es una virtud que permite tener cierto abolengo y poder obtener un cargo gubernamental.

Oligarquía. El poder está concentrado en un grupo reducido de personas. Los poseedores de grandes recursos económicos son quienes direccionan las diligencias políticas. También son denominados como sectores de empresarios que monopolizan el mercada para así llegar a la cúpula política del poder.

Tiranía. Poder político unipersonal y absoluto. Siendo esta una concentración de poder que recae en un solo hombre, converge hacia poderes no solamente políticos, sino también económicos, sociales, culturales, ideales, etc.

En cuanto para Aristóteles, la visión filosófica que este gestiona en cuanto a los menesteres políticos son, en primera parte, aunados a las virtudes del ser humano. La ética es un saber práctico que sirve como herramienta para redefinir el comportamiento humano hacia un buen uso de su libre albedrío. La capacidad de poder decidir libremente qué camino tomar como opción no está regida por la naturaleza; puesto que si así fuere, el hombre actuaría a través de sus instintos (existencia y reproducción) y no tanto por su carácter racional. Debe de existir un punto mediador para que el individuo tenga una decisión equilibrada.

Sobre los estratos sociales, Aristóteles argumenta que es el hogar en donde se satisfacen las necesidades primarias de un individuo. La polis es el esquema más beneficioso para el individuo ya que es en donde éste se desarrolla a través de ejes económicos, políticos, sociales y culturales. En la polis, el hombre ya no vive dentro de un entorno natural de supervivencia sino que es aquí donde empieza a vivir y decidir libremente.

Pero para que se pueda dar una organización racional dentro de la polis, esta debe de tener una política la cual, Aristóteles la concibe como “un saber que reconoce la absoluta primacía entre las ciencias prácticas”.

Aristóteles arguye que, no obstante de que las ciudades fueron después de las tribus y de las familias, cronológicamente hablando, la ciudad representa un nivel superior de organización dentro de la sociedad. La ciudad potencializa las cualidades del ser humano en cuanto a organización y desarrollo. La constitución, para Aristóteles, es la vida misma del Estado; ayuda a la vida misma de la polis en su desarrollo, debe de ser inherente para todo ciudadano en beneficio de la voluntad general.

Para Aristóteles, existen dos tipos de gobierno: las formas puras de gobierno y las impuras.

Dentro de las formas puras se puede encontrar la monarquía que es la forma de gobierno en donde el poder político se encuentra, solamente, en un elemento ejecutor. Otra forma de gobierno pura es la Aristocracia en donde el poder está reducido a un pequeño número de individuos que, teóricamente, son los más calificados intelectualmente para gobernar una región o un territorio. Finalmente está la democracia en donde el poder es del pueblo representado en un hombre quien deberá acatar los mandamientos de los ciudadanos.

En las formas de gobierno impuras se contempla la tiranía en donde el poder se centra en un solo hombre quien no contempla la voluntad general y ejerce un poder subjetivo, es decir, implementa un gobierno a interés personal. Otro tipo de gobierno impuro es el de oligarquía en donde los más ricos son los que sustentan el poder y en donde los oligarcas solo representan un número muy reducido de miembros. La demagogia también entra en el rubro de formas de gobierno impuras puesto que es aquí en donde, quienes aspiran al poder mediante actos pacíficos, implementan una serie de movimientos para halagar, por ejemplo, a los votantes para que estos cedan su elección hacia los candidatos supuestamente carismáticos.

Aristóteles es un pensador, un filósofo que siempre se pregunta acerca de la acción del hombre hacia su entorno material, esto es lo que lo lleva a hacer diferentes estudios acerca del comportamiento del ser humano dentro de su organización social y dar como resultado los diferentes tipos de gobierno. Pero Aristóteles hace también estudios a fondo acerca de la episteme de la sociedad a través de cada individuo: de su moral, de su ética, de su espíritu y de su razonamiento.

Por ejemplo, Aristóteles expone las cualidades del hombre tiene y puede obtener de su entorno llamándolas bienes. Estos bienes se clasifican en bienes externos los cuales, se puede decir, que son el mundano puesto que no son intrínsecos al ser humano, estos son los honores, la riqueza, el poder, la fama. Los bienes que son propios del cuerpo son la salud, la integridad, el placer, etc. Los cuales dan un beneficio individual y son necesarios para que se puedan obtener los otros bienes. Los bienes del alma se erigen analógicamente con la salud del espíritu. La sabiduría o la contemplación del entorno son bienes que ayudan a la alimentación del alma de una manera más privada y ensimismada hacia el individuo.

Dentro de las clases sociales aristotélicas, se debe recordar que existían trabajos envilecidos puesto que no representaban un empleo virtuoso, es decir, trabajos ligados a herramientas manuales como la de los artesanos por ejemplo. Los trabajos virtuosos, en contrapartes, los hacían individuos que para la sociedad representaban personas dignas de poseer bienes raíces.


La sociedad griega estaba sectorializado por dos ejes sociales; por una parte estaban los que eran denominados como ciudadanos quienes contaban con una dirección política dentro de la sociedad y los esclavos quienes estaban excluidos de todas las garantías políticas. El Estado griego, solamente, beneficiaba a los ciudadanos. Aristóteles argumenta que esta diferencia está basada en diferencias naturales y morales en donde están sometidos los individuos. Se nacía esclavo para morir esclavo.

Dentro de las clases sociales encontramos a quien se dedica a los menesteres de labranza y están ligados a la agricultura; el artesano está ligado a la mecánica; el comerciante, que es una profesión, al rubro mercantil; el guerrero (mercenario) a la guerra; el sacerdote al culto divino y como punta de estas clases sociales se encuentran los magistrados y jueces quienes están ligados a las deliberaciones de los negocios estatales.

Para que estas clases sociales fluyan correctamente, Aristóteles pronuncia que el Estado debe de ser bueno, y para que sea bueno debe de practicar la virtud y asegurar la felicidad de sus ciudadanos en donde estos adopten, de manera libre, la vía que más les parezca necesario  en la política o la filosofía (dentro de las leyes).

Aristóteles es un filósofo que no cree en una felicidad endógena al individuo mismo, sino que esta está condicionada a factores, meramente externos como en la actividad, pues Aristóteles argumenta que sólo en ella se realiza la virtud. La infelicidad es el no trabajar. El buen Estado, entonces, debe de ser un Estado dinámico y trabajador al igual que los ciudadanos. Sólo sí se encontrará un buen Estado con virtud.

Pero para que exista un buen Estado, también debe de existir una buena política. Aristóteles no plantea a la política como una vía para crear estados ideales de manera abstracta, sino un eje rector para que las leyes, costumbres, tradiciones, ideales y propiedades se entrelacen hacia una realidad. Aristóteles concibe a la política como una ciencia práctica de la cual emerge la ética, ya que la verdadera meta del Estado es crear buenos ciudadanos. Y el Estado debe de ser representado por integrantes que tengan la capacidad moral y filosófica para dirigir el buen Estado mediante un buen gobernante.

El gobernante virtuoso es aquel quien dirige el destino de su pueblo mediante una moral y una ética llenas de sabiduría. Este se esforzará por dar felicidad a sus ciudadanos y debe de ser él feliz en principio para que pueda acontecer este hecho.




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Bibliografía. Recuperado el 24 de diciembre 2013.







Aristóteles, Ética Nicomáquea, Porrúa. México 2001

Engels Federico. El origen de la familia. La propiedad privada y el estado. Editores Unidos. México 1992.

Platón. La República. Porrúa. México 1997.

Domingo Plácido Suárez: Tucídides, sobre la tiranía. Paidos Buenos Aires 1987.

Aristóteles. La Política, Thomson Caracas 1999.

Nichols, Mary P. Ciudadanos y estadistas: Estudio de la "Política" de Aristóteles. Lanham: Rowman & Littlefield. Arkansas 1992.


Conceptos de Estado, Sistema y Poder Político


·         Estado. El Estado se concibe como asociación de dominación con carácter institucional que ha tratado, con éxito, de monopolizar dentro de un territorio la violencia física legítima como medio de dominación y que, a este fin, ha reunido todos los medios materiales en manos de su dirigente y ha expropiado a todos los funcionarios estamentales que antes disponían de ellos por derecho propio, sustituyéndolos con sus propias jerarquías supremas (Weber, 1914). Una acepción más conceptualizada que nos ofrece la Real Academia de la Lengua Española (DRAE) dice que: “el Estado es cada uno de los estamentos en que se dividía el cuerpo social; como el eclesiástico, el de nobles, el de plebeyos, etc.”

·         Sistema Político. Según William Lapierre, un sistema político es una serie total de acción, es decir, un conjunto de procesos para tomar decisiones que conciernen a la totalidad de una sociedad específica. Un sistema político es un sistema de relaciones existentes en sociedades libres que realizan roles de integración y adaptación; tanto en el interior de la sociedad, como en el exterior con otras sociedades mediante el uso de la violencia más o menos legítima (Almond, 1976).   

·         Poder. El Diccionario del Español de México (DEM), editado por el Colegio de México, define el poder como “tener algo o alguien la capacidad, la fuerza o el derecho de hacer algo: poder mirar, poder trabajar, poder caminar, poder golpear, poder ordenar, poder salir, poder descansar”. El diccionario Larousse dice que: “el poder es la facultad para ejercer el mando, gobierno o dominio sobre estados, provincias, o un colectivo cualquiera.” Para Hobbes (1648), el poder no es el hombre, sino los medios que este posee para obtener un bien futuro que sea manifiesto.

·         Poder Político. Pelayo García dice que el poder político es un poder que capacita a la sociedad para establecer relaciones regulares y normativas con otras sociedades, es decir, poder hacer concordados con la Iglesia o alianzas con extranjeros por ejemplo a fin de que exista una preservación de la soberanía.  Para Niklas Luhmann, el poder político es sinónimo de poder financiero, poder económico. Los recursos que tenga un cierto sector de la sociedad la legitima de facto para tener poder político.

·         Legitimidad. La etimología de esta palabra es del latín legitimus que quiere decir: conforme a las leyes. La DRAE ofrece otras acepciones: Cierto, genuino y verdadero y que es de la ley o calidad debida.


·         Gobierno. El DEM dice que gobierno es un conjunto de órganos e instituciones, con facultades y responsabilidades determinadas por las leyes, creados para atender la función pública de un país. Rousseau, dentro de su obra El Contrato Social, página 82, lo define como un cuerpo intermediario establecido entre los súbditos y el soberano para su recíproca correspondencia, encargado de la ejecución de las leyes y el mantenimiento de la libertad, tanto civil como política.

·         Democracia. El diccionario Larousse lo define como un “régimen político en el que el pueblo participa en el gobierno de un país, mediante la elección de sus representantes”Platón la define en una de las tres formas de gobierno (monarquía, aristocracia y democracia), siendo ésta última la más desarrollada.

·         Soberanía. La DRAE lo define: “Autoridad suprema del poder político”. Para Rousseau, la soberanía es un aparato dialéctico que funciona mediante leyes emanadas del pueblo hacia los magistrados designados. La soberanía es la voluntad general del pueblo materializado en un pequeño sector social.


·         Opinión Pública. Según Habermas, la opinión pública es la idea de un individuo o una sociedad referente a un fenómeno o acción social o de hechos que sean de su propio interés. La etimología de este concepto tiene sus raíces en el latín opinor que se traduce al español como opinar y del griego pinyoo que significa saber. Entonces, una acepción acercada de las raíces etimológicas pueden dar la conclusión de que la opinión pública significa el conocimiento de un individuo o de la sociedad acerca de un fenómeno o acción social.

·         Cultura Política. La definición de este concepto es abstracta, por ejemplo, Montesquieu, llevó a cabo un análisis de lo que significa una cultura política, en donde dice que es la relación y diferencia con los ciertos órganos o partes morfológicas de las sociedades políticas. El Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM (IIJ) lo define como “una forma de la sociedad para construirse frente al mundo y organizarse frente al poder. Conjunto de elementos que configuran la percepción subjetiva de una población respecto al poder”.


·         Comunicación Política. La raíz etimológica de este concepto parte del significado de la palabra comunicación viene del latín communicatio, correspondencia entre dos o más personas. Y la palabra política que viene del latín politicus que significa cortés con frialdad pero con certeza, según el DRAE. La comunicación política es una paradoja, no es la política, pero se produce en la comunicación política (Morató, 2006).

·         Ideología. Para el DRAE, ideología es un “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.” El DEM lo define como “Manera de pensar que determina la actitud y la interpretación de la realidad; conjunto de ideas, opiniones o valores que constituyen la visión del mundo de una época, de una sociedad o de un grupo de personas”.


·         Plaza Pública. Marcelo Rivero menciona que una plaza pública es un territorio físico que representa el núcleo cultural, comercial y político de una sociedad. “Las asambleas de ciudadanos se desarrollaban en ese espacio”. La oratoria y la retórica son las principales herramientas. Los antiguos griegos utilizaban las ágoras como plazas públicas. De cierta manera, es un lugar para discutir leyes y definir el futuro de un pueblo de una manera formal (Morató, 2004).

·         Nuevo Espacio Público. Para Georgina Isabel Campos Cortés, doctora emérita en sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana, un nuevo espacio público es  un espacio de libertad en cuanto a los temas comentados. Es un espacio dedicado a las ideas y realizadas por estas mismas. El Estado lo convierte, entonces, en un garante del interés general. En El nuevo espacio, público se aborda el problema de la comunicación política en la sociedad moderna, en la que los medios de comunicación masiva, en específico la televisión, adquieren relevancia en la formación de la opinión pública por la democratización, en lo que se refiere a su uso, dando lugar a una redefinición del espacio público (Robles, 2011).



Bibliografía. Recuperado el 20 de diciembre 2013.


Max Weber, “La política como vocación”, en su libro El político y el científico, trad. F. Rubio Llorente, Madrid, Alianza, 5ª ed., 1979, (p. 92).
Jean William Lapierre, El Análisis de los Sistemas Políticos páginas 38-45, Editorial Península, Barcelona, 1976.
Gabriel Almond y James Samuel Coleman, The Politics in the developing areas, página 7, Princeton Press. Princeton, 1960.
Giovanni Sartori. (1987, 1993) ¿Qué es la democracia?. Taurus. México D.F. 2003.
Jürgen Habermas (1962). Historia y crítica de la opinión pública. La transformación estructural de la vida pública. México y Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 1986.
Manuel Castells, Comunicación y Poder, Siglo XXI, México, 2009.

domingo, 10 de junio de 2018

Hacia una Nueva Dimensión Espacio Temporal



Esta segunda unidad nos ha proporcionado la información necesaria para discernir, de una manera crítica, la noción de Sociedades del Conocimiento a través de enfoques particularmente diferentes. Por un lado, la UNESCO acomete la finalidad de crear tales empresas: una homogeneización del conocimiento a nivel global con el propósito de acabar con el rezago inherente a los países en vías de desarrollo. En otro enfoque, a mi parecer más preciso gracias a la puntualización histórico-contextual de Crovi, se suscribe una serie de nociones acerca del concepto Sociedad del Conocimiento como parte del discurso neoliberalista.

Crovi expone que, a partir de la liberación del mercado en la década de los ochenta, las estructuras idealistas empiezan a dar un nuevo giro: el libre mercado. Los postulados de Milton Freedman acerca de un laissez faire, laissez passer moderno implican a las nuevas tecnologías entrar a la nueva mecánica. La mundialización del Internet, pero sobre todo, la mercantilización de productos del conocimiento a nivel global resulta un negocio con altos dividendos en ganancias para los creadores de la tecnología que, claro está, siguen siendo los países con alto nivel de desarrollo y venden sus productos a sus eternos consumidores tercermundistas.

Acertadamente expone el español Castells al hablar acerca del poder como una noción de dominación; la comunicación es la herramienta predilecta para alcanzar la subordinación del otro sin violencia física. El poder se legitima a través de las instituciones como el Estado, es decir, es un poder inobjetable, consensuado y legalizado según por la sociedad en función del bien general (semejante al contrato social roussoniano). A partir de aquí, también se legitima el discurso político y, en cuanto a tecnología, se estipula que tener sociedades con conocimiento a nivel mundial ayudará a tener mayor igualdad económica, política y social. Lamentablemente no lo es así, hoy en día siguen las mismas disparidades entre primer mundo y el tercero.  En conclusión: Las Sociedades del Conocimiento es una noción creada desde el neoliberalismo para crear un poder a través de la comunicación retórica para subordinar y decir que el mundo se encuentra bien.

Bibliografía

CROVI, Delia. Sociedad de la Información y el Conocimiento; algunos deslindes imprescindibles. En Sociedad de la Información y el Conocimiento: entre lo falaz y lo posible. La Crujía, Buenos Aires. 2004, pp. 17-55.

UNESCO. Sociedades en Redes, Conocimientos y Nuevas Tecnologías en Hacia las Sociedades del Conocimiento: http//unesdoc.unesco.org/ pp. 49-56.

CASTELLS, Manuel. Comunicación y Poder en Media Campus: http//mediacampus.cuaed.unam.mx/taxonomy/term/3362  (Bandas 1 y 2)